XVIII "Arrival"

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El mesón oscuro se le planteaba frente a ella cuan largo era, puesto delante del trono. Una serie de mapas color beige se extendían por sobre la madera, y sobre estos, un par de compases y marcas rojas que indicaban las zonas en las que se encontraban los soldados del reino. Notó que la mayoría de las marcas manchaban terrenos como las laderas heladas de Nieves Perpetuas, los alrededores del Valle Phrisma y otras zonas como la periferia del muro y aquellas posibles entradas al reino. Red apoyó las manos sobre los papeles, como si escudriñara algo profundo y misterioso en ellos. La mesa estaba rodeada por otros soldados líderes de escuadras; Kyel y Any se encontraban al otro extremo, charlando sobre algo en voz baja mientras el semi demonio hacia ademanes hacia las estrategias planteadas por Herxi. No lo decía, pero no se sentía cómodo con el elfo de cabello naranja, pues parecía como si su ego hubiese llegado al mismo cielo tras ser ascendido por la reina.
—No funciona.

—¿Disculpa? —alzó la ceja, dejando de lado a sus soldados.

—No habrá legiones postradas como idiotas en zonas inservibles. La defensa aérea está cubierta con la barrera, lo elemental es la parte inferior del muro, donde un golpe certero la haría quebrarse como un mondadientes —Kyel se cruzó de brazos, irritado. Quería ocultar el temblor de sus manos y la sensación de ira que sentía al recordar cómo había sido fácilmente doblegado —. El ejercito que se aproxima es grande, no tanto como el nuestro, pero si tiene formidables guerreros.

Any asintió en silencio, escuchando cada palabra, y de verdad quería decir algo que fuese mayormente útil en la situación, pero solo le vino a la mente un pensamiento "¿Esto es lo que yo quería estando viva...? No, jamás hubiese imaginado que el mismo infierno vendría a mí y me pondría en medio de todo esto"

"no siempre se cumplen tus deseos al pie de la letra" – escuchó en su mente. La voz de Kyel sonaba tenue y pesimista.

Herxi apretó la mandíbula, esperando a que el semi demonio continuara hablándole, pero en lugar de eso solo se mantuvo en silencio, mirándole como si fuese un estorbo del que sería un alivio deshacerse. Gruño, y se aproximó a él con la espada desenfundada, para luego apuntarla directo a su cuello —. ¿Te crees muy importante, Kyel? — Los solados reaccionaron sacando sus armas listas para atacar a cualquiera, y el primero sería aquel que sostenía la espada contra el guardián del trono.

El filo estaba contra su garganta, listo para cortarla, solo que el elfo no lo haría (por su propio bien). Kyel sonrió con malicia, entonces los presentes sintieron una especie de escalofrío al comparar aquella sonrisa con la de Lucifer.
—Vuelve a tu lugar, Elfo —dijo, y apartó la espada de su cuello con el dedo.


Ashnel y su ejército de sombríos corrían entre la espesura del bosque, rozando las alargadas ramas con sus cuerpos llenos de metal; el camino más corto a su destino involucraba los peligros ocultos del bosque y, sin embargo, era mejor que rondar varios días por las montañas de Fonsheka. El pelirrojo iba a la cabeza, llevando una espada lista para usarse en caso de ser necesario. Pensaba en las palabras de Lucy "Una puerta dimensional te haría llegar más rápido" No, no podía cometer la estupidez de llamar tanto la atención; miró al frente cuando comenzó a escuchar el rio corriendo y supo que no faltaba demasiado para llegar a donde quería. Un par de sus soldados se quedaron atrás, congelados por el frio, pero ya no volverían, aquellos que no eran lo suficientemente fuertes para la misión debían morir, punto. El suelo era tierra y nieve bajo sus pies, y las brisas gélidas lograban quebrar las ramas delgadas de los arboles sin mucho esfuerzo.

"Una mano en su hombro como si fuesen íntimamente amigos. Esa mirada de fiereza recuperada y un par de palabras antes de partir – Haz que todo valga la pena, Ashnel"

Queens of HellDonde viven las historias. Descúbrelo ahora