"Llega el silencio, pues se ha acallado el eco de la muerte final"
Las oleadas de hielo y fuego cruzaban el aire sin parar, llegando a fundirse entre ellas; Danae no paraba de mover su vista de un lado a otro sobre sus víctimas mientras levantaba paredes de nieve que pronto se trasformaban en afiladas agujas trasparentes que caían sobre los cuerpos a su alrededor. Tal espectáculo le resultaba de lo más simple, pero a la vez, entretenido, y no pudo evitar esbozar una especie de sonrisa por ello. A unos cuantos metros no había más que cuerpos negruzcos, completamente quemados por las brasas que Elise emitía de sus manos con solo moverlas como si estuviese dirigiendo alguna orquesta. Ambas gemelas se encontraban a una considerable distancia de los que acontecía en el centro de la ciudad, donde la reina y el demonio blanco masacraban a los soldados sombríos que osaban atacarlos con el mas inusual descaro. Baphomet era increíblemente veloz, por lo cual lograba lanzar estocadas mortales al incubo pelirrojo, quien evitaba los golpes con gran dificultad; se escuchaba su respiración agitada, pero el demonio no le daba ni un segundo de espacio para recomponerse. La nariz de Ashnel sangraba al igual que su mejilla al recibir un corte de espada. Baphomet sonrió, dio un salto por sobre el incubo, lo ataco directo al cuello con su mano y lo arrojó contra una derruida estructura grisácea.
—Siempre te he detestado, Ashnel —observo su mano llena de la sangre violácea del incubo, el líquido tibio chorreaba de su piel. Se pasó la lengua por los dedos —. Eres una escoria asquerosa y débil, no sé cómo llegaste a todo esto.Se le paso por la mente una serie de momentos en los que había tenido que sentarse junto al demonio blanco en varias ocasiones, en las que había tenido que escucharlo hablar y opinar de todo como si le importara a los demás. El demonio tenia puestos importantes, tenía el temor de todos aquellos que cruzaban su camino, y podían haber llegado a un acuerdo, pero no soportaba que un ser como el tuviera toda la atención del gran príncipe Belial. El retorcido Baphomet, pensó, lo odiaba tanto como a Lucifer. Ashnel apoyo una mano en el piso, esta se hundió en la nieve; estaba furioso, quería acabar con él, pero casi no podía moverse. El demonio le dedico una mirada de superioridad al verlo tan débil e insignificante.
"¿A dónde ha ido tu orgullo?"
Massacre estaba de pie en medio de lo que era una tormenta en su deceso, la mayoría de los soldados sombríos yacían muertos a sus pies, y todo aquello que alcanzaba su vista no era más que una carnicería; la sangre regada por doquier, cabezas y cuerpos esparcidos por la nieve abundante. "¿Para qué había sido todo eso? ¿Acaso valía la pena?" ladeó la cabeza y pensó en lo bien que sentía descargar su ira y su sed de guerra con los traidores. Sus manos yacían quietas a los costados, llenas de delgadas líneas negras que se entretejían entre si y ascendían a lo largo de los brazos; su cabello no dejaba de agitarse al viento helado que soplaba. La reina estaba silenciosa, escuchando el caos, y de un instante a otro era como si su mente estuviese en otro lugar, cada pequeña cosa que componía el ambiente le resultaba llena de vida propia, llena de algún murmullo extraño que se incrementaba en su cabeza. La mirada gélida de Lucifer volvió a su mente, y por más que lo negara, esa mirada siempre desnudaría su alma por completo dejándola helada y sin protección.
—¿Por qué...?Kyel recogía su espada de un cuerpo sin vida, el filo estaba goteando sangre verdosa. Se sentía abatido; lo único que podía pensar era en como Ashnel lo había vencido tan fácil, y como el...estuvo por terminar con su vida. Apretó la empuñadura de la espada "Me equivoque al pensar que podía controlarlo. Me equivoque al pensar que Balberith desistiría tras su estrepitoso fracaso"
Miró a Massacre pero esta no le devolvía el gesto, solo notó que sus ojos negros parecían haberse tornado verdes por un momento. Kyel entreabrió los labios como si quisiera decir algo, pero decidió guardar silencio, aquella mujer que veía ante él era diferente por ese instante, sabía quién era, pero ya estaba perdida. No podía decirle, ¿acaso cambiaría el curso de la guerra que se aproximaba?
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Queens of Hell
General FictionEllas lo hirieron y le robaron su trono, gobernando el infierno bajo su poder oscuro, ahora se desatará la guerra por las tierras profundas con el regreso del caído. La sangre correrá, las cabezas rodaran y solo uno tendrá la corona. Bella portada...