XX "Epitafio"

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La noche había caído sobre el infierno una vez más cual oscuro manto plagado de amarillentas estrellas moribundas. Las lunas habían desaparecido tras espesos nubarrones sobre la Torre Lunar, y el silencio volvía a ser notorio a lo largo del reino. Algo terrible se temía, algo profundo y aterrador crecía en la mente de todos, y sabían que no faltaba demasiado para el torbellino que desatarían los dos grandes líderes. Las filas de guerreros de Lucifer se hallaban preparándose para partir; todos sobre sus caballos negros adornados de una gran cantidad de artillería metálica, al igual que sus jinetes. Imponentes y grotescos rostros solo presentaban una fiera expresión de determinación y sed de sangre que solo se saciaría al poner el primer pie en las tierras reales. Una gran serie de seres y demonios más grandes se posicionaban detrás de los jinetes, portando sus pesadas armas y sus hombreras con sobresalientes púas infinitamente filosas.

Lucifer y Mephisto no hacían más que mirar fijamente al horizonte por donde partirían hacia el muro y lo que había tras él. Debían arrasar con las ciudades y con todo lo demás de ser necesario; todo el infierno caería al final en las manos quien lo mereciera. La nieve caía con más fuerza sobre sus cabezas, y asimismo se intensificaba el frio como nunca antes. El caído esperaba pacientemente a sus "aliados" quienes lo ayudarían a ganar la guerra, o eso esperaba. "Ya casi es tiempo" pensó Lucifer, y en ese instante fue como si sus pensamientos hubiesen sido escuchados más allá de su mundo; todo el cielo se llenó de una cegadora luz blanquecina, como si hubiese dado el sol contra las nubes en plena mañana. Estos rayos luminosos se abrían paso por entre las oscuras nubes, de modo que era como si una docena de manos o más procuraran abrir una cortina en el cielo.
—Su puntualidad es un don —murmuró Mephisto con un resoplido.

Cuerpos celestiales comenzaron a bajar a través de estos halos de luz; no podría decirse exactamente de cuantos ángeles se trataba, pero eran al menos cientos de ellos, hermosamente puros y con sus túnicas de guerreros celestiales. Lucifer se cruzó de brazos, seguía sin estar seguro sobre el pacto con el cielo, pero debía apostarlo todo a la victoria, ya no podía darse el lujo de perder otra vez.
—Lucifer —dijo Akatriel, nuevamente acercándose a él con suma seriedad —. Es hora, cuando recuperes tu trono el orden volverá y todo será como debe ser.

El asintió con parsimonia, observando las hileras de ángeles que se extendían a prudente distancia de los suyos. La rebelión, pensó, todo eso le recordaba a una vieja rebelión del pasado. Los guerreros del cielo, aunque no lo demostraban, estaban asqueados por los seres infernales con los que tendrían que "trabajar" por un bien mayor, como se les había encomendado. Lucifer jamás imagino que ocurriría algo como aquello – le resultaba irreal – aunque lo estuviese mirando todo; tenia renovadas fuerzas y la determinación para volver a su trono, pero aun así continuaba temiendo por lo que podría suceder en semejante batalla.

—En viejos tiempos quizá los saludaría como mis hermanos, pero ya no es así. Si van a pelear esta guerra deben seguirme hasta la muerte.

A partir de cada tres filas se alzaban las banderas en manos de los líderes de escuadra; elevadas al menos tres metros por sobre sus cabezas, roídas en las puntas, pero con la poderosa marca del sello real que habían llevado los antiguos reyes en tiempos pasados. El galope de los caballos comenzaba desde ese instante, las pisadas bajo cientos de caballos levantaban polvareda cuando ya no había nieve que apartar del camino. Un halcón negro de penetrantes ojos amarillos surco el cielo oscuro, sobrevolando a los guerreros de ambos bandos que iniciaban la marcha; podía divisar los poderosos enemigos que Massacre y los suyos enfrentarían, luego, soldados más atrás caminaban las bestias oscuras que los habían seguido desde Poison Garden y el viejo reino abandonado bajo la arena.

Rezumbarían los tambores de la guerra en todo el reino, las puertas del palacio al fin serian tiradas y el cuerno de batalla se haría sonar desde lo alto de la Torre Lunar al divisarse el emblema del rey.

Queens of HellDonde viven las historias. Descúbrelo ahora