Habían pasado las dos primeras semanas de clase y ya hasta algunos Slytherin adoraban a Alicia como profesora. Por fin tenían una profesora normal en Defensa Contra las Artes Oscuras, decían los alumnos de grados más altos. Aquel día, Alicia consiguió la aprobación de Dumbledore para despejar el Gran Comedor y usarlo para dar clases con ayuda de los cuatro profesores que eran los jefes de cada Casa. Los Alumnos estaban de pie en el borde del salón, pegado a la pared. Slytherin y Ravenclaw del lado izquierdo y Gryffindor y Hufflepuff del lado derecho respectivamente. En el centro, estaban dos mesas de las cuatro donde comían diariamente los alumnos, pegadas. Sobre ésta estaba Alicia, caminando de un lado al otro, dando instrucciones a los otros profesores, con la varita en mano. En el extremo que daba a la mesa de profesores estaban Dumbledore, McGonagall y Snape hablando, mientras Madame Sprouts y el Profesor Flitwick, estaban del otro lado. En una esquina, solitaria, se encontraba Dolores Umbridge, con una carpeta, garabateando mientras observaba todo a su alrededor.
-¡Muy Bien! -exclamó Alicia cuando ya estuvo todo preparado. -Chicos y Chicas, profesores, como algunos ya saben, me tomé la libertad con permiso del Profesor Dumbledore, de hacer la clase de hoy aquí, todos los años juntos, todas las casas juntas, con ayuda de nuestros queridos profesores. Dadas las circunstancias tensas que se viven en el mundo mágico en estos momentos, todos estamos de acuerdo en que la educación que deben recibir para aprender a defenderse debe ser la mejor. Por ello, hoy tendremos a los más grandes dando el ejemplo para los más pequeños, como será el caso de los alumnos de sexto y séptimo para los chicos de primero y segundo. Y nosotros, los profesores, daremos ejemplos para que todos puedan aprender lo más clave y esencial para defenderse de lo que se les atraviese allá afuera. Así que... ¡Comencemos!-
Todos los chicos explotaron en aplausos y gritos, divertidos por tan creativa clase. Alicia se acercó, aún caminando sobre la mesa, al extremo donde estaban Minerva, Snape y Dumbledore, y se bajó de ésta de un salto.
-¿Profesores, quien desearía subir a enfrentarse conmigo?- les preguntó.
Los tres intercambiaron miradas, Dumbledore y Minerva con una suave risa.
-Escoge tu, Alicia.- dijo Dumbledore y los ojos de la chica, rápidos como flechas, se clavaron en Snape.
Severus suspiró profundamente mientras Minerva reía con suavidad.
Alicia subió con Snape mientras los cuchicheos en el salón retumbaban al verlos.
-Se va a arrepentir de esto, señorita Van Halen- dijo Snape en voz baja.
Ella rió con suavidad y volteó a verlo.
-¿No era eso lo que siempre me decías antes de que yo hiciera algo y terminaba en detención contigo?-
-Tiene buena memoria, profesora Van Halen.-
Alicia alzó una ceja con picardía.
-Esta vez no terminaré en Detención por golpearte con un hechizo, ¿o si?-
-Creo que eso lo decidirá ella. -dice señalando con la mirada a Umbridge que los observaba fijamente.
Alicia aguantó una carcajada y volteó a ver a sus alumnos. -Muy bien, chicos, el profesor Snape se ofreció para dar la primera demostración. Lo que haremos será sencillo. El utilizará solo hechizos de ataque y yo solo hechizos de defensa. ¿Listo, profesor?-
Snape asintió.
Ambos se colocaron frente a frente, levantaron sus varitas e hicieron una reverencia sin separar la mirada uno del otro. Caminaron siete pasos en dirección contraria y se voltearon cada uno en su posición antes de atacar.
