-¡Feliz Navidad!- exclamó Draco, abrazando por detrás a Harriet. Ella rió con ganas, volteando a verlo y besando su mejilla.
-Feliz Navidad.- le susurró ella y ambos rieron nuevamente.
Draco se separó de ella y se acomodó un mechón rubio.
-Mi madre te esta buscando… te tiene una sorpresa -le guiña un ojo, divertido.
Harriet alzó una ceja. -¿Una sorpresa? ¿Para mi?-
El asintió. -Corre, en serio. -
Ella sonrió y corrió escaleras arriba hacia la habitación de los padres de Draco. Al estar frente a la puerta, carraspeó y con los nudillos golpeó esta.
-¿Señora Malfoy?-
Narcissa, con su cantarina voz, llamó desde adentro:
-¡Pasa!-
Harriet empujó la puerta y asomó la cabeza.
-¿Me llamaba, Señora Malfoy?-
-Querida, ya te he dicho que puedes llamarme Narcissa tranquilamente.- dijo la madre de Draco, sonriente.
Tomó la mano de la chica y la metió en la habitación, mostrándole una caja envuelta en la cama.
-Abrelo- susurró.
Harriet volteó a verla. -¿Es para mi?-
Narcissa asintió con una sonrisa en el rostro.
La chica abrió la caja, deshaciendo el lazo con cuidado y al destaparla, soltó un grito ahogado de emoción y sorpresa, sacando el vestido plateado que había en su interior. Se lo puso sobre la ropa, viéndose al espejo, sujetándolo al nivel de los hombros y le sonrió a Narcissa en el reflejo.
-¡Es hermoso, muchisimas gracias!-
Narcissa extendió los brazos para abrazarla y Harriet con una suave risa lo hizo.
-A Draco le va a encantar, ya verás.- susurró y juntas comenzaron a acomodarse para la cena.
Draco y Harriet reían bailando mientras las teclas del piano se tocaban solas en el gran salón de la casa. La chica lucía espectacular, su cabello liso suelto sobre sus hombros, y el vestido que Narcissa le regaló, plateado, le llegaba hasta un poco más arriba de las rodillas, con las mangas cortas. Llevaba unos tacones negros, y un hermoso collar que Draco le regaló. El chico también lucía muy guapo. De traje de etiqueta y el cabello rubio peinado hacia atrás, se veía muy bien. Narcissa conversaba con unas invitadas en la mesa del comedor y Lucius con los esposos de estas. Seguían esperando a otros invitados que estaban por llegar, mientras que Draco y Harriet, divertidos, no paraban de bailar.
-Has mejorado desde Halloween- le dijo Draco a Harriet.
La chica levantó una ceja.
-¿Disculpa? ¿Debo recordarte que él que me pisaba eras tú?-
Draco la hizo girar en sus brazos y la dejó caer, atrapándola a pocos palmos del suelo.
-Solo te pisé una vez.-
La volvió a levantar aún sujetando su cintura y siguieron bailando con ganas, aún riendo y conversando, mientras el árbol de Navidad en la esquina de aquella habitación brillaba, reluciente.
Pasaron los minutos, casi una hora, cuando Dobby llegó, seguido por un grupo de invitados.
-Es por aquí, señores.- les dijo con una reverencia.
Los cuatro invitados observaron el lugar y sonrieron.
