Faltando cinco días para Navidad, Alicia, Minerva y Severus dejaron Hogwarts para aparecerse en las afueras de Londres, en Surrey, frente a la enorme residencia de los Van Halen. Era una enorme casa de tres pisos, con una fachada blanca y gris, y un anexo de ladrillos con un ático. La casa estaba escondida en un callejón que solamente estaba esta casa rodeada de árboles ahora desnudos y cubiertos de nieve. Entre la planta baja y el primer piso de la casa en la fachada, habían unas columnas con capiteles griegos, dándole un aire más antiguo y clásico a la casa. Todas las ventanas estaban cerradas pero las cortinas de adentro estaban apartadas por lo que se podía ver dentro de cada piso de la casa, exceptuando el ático del anexo. Los tres, cargando cada uno su equipaje, caminaron hacia la entrada principal, tocando a la puerta y esperando que les abrieran.
Alicia estaba emocionada de volver a casa. Tenía mucho tiempo sin ver a sus hermanos, igual que a sus padres, por lo menos desde que habían comenzado las clases en Hogwarts. Sentía la misma emoción que sentía cada vez que volvía de Hogwarts a casa, solo que esta vez, estaba acompañada de Minerva y Severus, lo que aumentaba su emoción. Le encantaba como se veía la casa en los meses de invierno, con el bosque nevado alrededor, el frío hacía más acogedor el interior de la casa. La puerta se abrió y un pequeño elfo doméstico levantó la mirada. Tenía orejas y nariz alargada, flaco y con los ojos saltones. Una sonrisa de oreja a oreja se plasmó en el rostro del elfo al verlos.
-¡Ama Alicia!-
Ella rió con ganas.
-Virion, es un placer volverte a ver.-
El elfo con un chasquido de sus dedos hizo levitar sus pertenencias y éstas comenzaron a seguirlo. -El amo no le avisó a Virion que la Ama Alicia vendría hoy.-
Ella sonrió entrando con Minerva y Severus. -Digamos que quise llegar de sorpresa.-
Virion asintió. -Eso es bueno, los amos van a alegrarse. Es un gusto ver al Señor Snape y a la Señora McGonagall nuevamente.-
Minerva sonrió. -Es un placer volver a verte, Virion.-
Alicia volteó a ver al elfo y susurró: -Virion, lleva estos dos equipajes a mi habitación y ese a la habitación de al lado.-
El elfo asintió. -Así lo haré, ama-
Alicia sonrió, dándole las gracias y el Elfo comenzó a subir las escaleras con los equipajes.
Si la casa se veía lujosa por fuera, por dentro lo era mucho más. El suelo era de baldosas de mármol blancas y negras como un tablero de ajedrez. A la derecha se alzaba una pequeña escalera que daba al ático del anexo. La siguiente puerta a la derecha era doble y estaba abierta, dejando entrever el amplio comedor. A la izquierda estaba la cocina, igual de lujosa y sofisticada y frente a ellos otra puerta doble que daba al amplio salón donde estaban seguramente reunidos sus familiares. Y a su mano izquierda había una escalera de caracol que daba a los pisos de la casa. Ellos comenzaron a caminar en dirección al salón cuando se escucharon unos tacones en la escalera de caracol.
-Vaya vaya, ciertamente no esperaba verte casi rubia, pequeña.- dijo una melodiosa voz aterciopelada.
Alicia giró en dirección de la voz y alzó una ceja casi hasta la coronilla observando a la mujer, cinco años mayor que ella, en las escaleras. Tenía la melena larga y ondulada negra suelta, cayendo sobre su pálida piel. Era alta, muy delgada, aunque de una figura escultural. Su rostro parecía una escultura griega por lo seria que se veía. Una nariz larga y fina, unos labios carnosos como los de Alicia, pómulos pronunciados y un par de ojos maquillados con sombras y sus ojos tan negros como su cabello. Llevaba una túnica larga y verde oscura, ajustada a su cuerpo, y en una de sus esqueléticas manos, una copa de vino.
