VI

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Jacob

Estaba en la oficina haciendo los planos que me correspondían. Pero no paraba de pensar en Jenni. Estuvimos juntos toda la noche. . . Di un gran suspiro. Sabía que el efecto del alcohol se nos fue, pero aún así seguimos sin parar.

Escuché como la puerta de mi oficina se abrió. Vi a Jennifer entrar. Se veía hermosa con un conjunto de una falda hasta las rodillas de color azul y una blusa negra. Su pelo estaba suelto y muy bien maquillada. ¿Quien iba a pensar que estuvimos juntos ayer en la noche? ¡Esa mujer es una fiera!

—Buen día, Robertson—saludó y se sentó en el sillón que quedaba frente a su escritorio.

—Hola. Me gusta el lunar que está al lado de tu ombligo —le guiñé el ojo. Ella hizo una mueca y miró algunos planos que había dejado.

—Eso solo fue anoche, estábamos ebrios —Esa mentirosa. No estábamos tan ebrios después cuando lo hicimos en su habitación.

—Lo hicimos en casi toda la casa, se nos fue el efecto del alcohol —recordé y ella levantó su vista.

—Fue un impulso, no sentí nada. Mo mal interpretes las cosas, además ni tan bueno eres.

—¿Qué diablos dices? ¡Soy el mejor en la cama!

Ella me miró y rió a carcajadas.

—Ese es el problema, Robertson. Crees que eres mejor en todo y no lo eres. He tenido mejor sexo con otros hombre —dijo con voz burlona.

—Jajaja —me reí con sarcasmo—. No me hagas reír. Si a hombres te refieres a tu ex-marido, te felicito, debió pegarte en las nalgas mientras hacían el amor porque si te pega en la mejilla y te trata como a una perra....—Se levantó de su sillón muy molesta y se acercó a mí.

—Por lo menos no sufro como tú por alguien que no existe —me dijo retándome.

—No me conoces para estar hablando cosas que no sabes —Traté de calmarme y de respirar profundo, pero no pude. Ella hablaba sin saber de mi vida.

—Ni tú a mí para que me estés hablando tanta porquería.

—¿Sabes lo que eres? Eres una perra que solo busca divert..—dejé de hablar cuando sentí la mano de Jennifer en mi cara.

La buena idiota se atrevió a darme una cachetada.

—¡A mí no me vuelvas a tocar!—La tomé por las manos y la puse contra la pared.

—¡A mí no me vuelvas a insultar, estúpido mal nacido! —me gritó en la cara.

—¡No me grites! —le grité más alto—. Eres una cualquiera, me emborrachaste para acostarte conmigo. Eso es lo que eres, una cualquiera —Me miró con ira.

—¡Eres un idiota que no sabe valorar a ninguna mujer! —gritó más fuerte. ¿Acaso cree que estoy sordo?

—¡Te dije que no grites! —le apreté sus brazos con fuerza.

—¡Me lastimas, estúpido!

—Grosera —la miré a los ojos.

—Egocéntrico.

—Feminista.

—Machista.

—¡Zorra! —En ese momento sentí un gran dolor en mi miembro. Me dio un rodillazo. Caí al suelo por el dolor.

Demonios, esto sí duele.







Jennifer

Miré como Jacob se retorcía del dolor en el suelo. Tomé mis cosas y salí de la oficina. Todos me miraban al igual que mi secretaria. Jacob salió molesto de la oficina y me miró.

En Búsqueda Del Amor ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora