Capítulo 2: Cumpleaños.

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Mi cumpleaños dejó de ser tan esperado a como cuando era niña y solía contar los días que faltaban. Con el paso del tiempo se convirtió en un día en el que solo hay pastel y obsequios.

Sin embargo, mis amigos parecen emocionados con la pequeña fiesta que mi madre está organizando.

—¿Qué te gustaría de regalo?— me preguntó Laura. Y todos parecen esperar ansiosos mi respuesta.

—La pluma del ala de un ángel— respondí.

—Oh vamos, siempre nos dices eso para no decirnos lo que realmente quieres— protestó Lili.

—Eso es lo que realmente quiero— refute con una sonrisa.

—No tienes remedio— suspiro Amber.

—¿Y para qué querrías la pluma de un ángel?— pregunta Daniel.

Ganándose la mirada incrédula de todas nosotras. Daniel no podría ser tan ingenuo cómo para creer tal cosa. Sin embargo, su pregunta me hace pensar lo contrario.

—Lucy no lo dice en serio, nadie podría conseguir tal cosa—. Aseguró Lili.

—Tienes razón— dice Daniel en lo que parece ser una sonrisa nerviosa.

—Quiero la pluma de un ángel para poder pedir un deseo— confesé.

Es entonces cuando veo cómo un pequeño brillo se enciende en los ojos de Daniel.

—Nunca había escuchado algo cómo eso— procedió a decir Amber.

—Pensé que ya habías olvidado aquella historia—. Dijo Daniel. Confundiendo aún más a mis amigas. Por lo que tuvimos que contarles aquella historia sobre un ángel que había sido visto por un niño que trepaba un enorme árbol.

Aquel niño sorprendido por sus alas majestuosas se acercó a él para preguntarle quién era. A lo que el ángel le respondió que era su ángel guardián. Y que sería mejor no seguir trepando de aquel árbol, ya qué corría el riesgo de caer. El niño sin ninguna protesta obedeció al ángel y cómo regalo le obsequió una de sus plumas. Diciéndole que con eso podría pedir un deseo. El pequeño no lo pensó demasiado y mantuvo la pluma en su mano para pedir una casa en aquel árbol que trepaba minutos antes.

Llevándonos aquella historia a juegos que consistían en conseguir la pluma de un ángel. Pero tuvimos que dejar nuestra búsqueda luego de que nuestras madres se molestaran por haberle arrancado las plumas a la gallina de la señora Betty. 

—Entonces conseguiré una pluma para tí.

Dijo Daniel lo suficientemente seguro cómo para hacerme creer por unos instantes que lo conseguiría.

—Qué lindo— chilló Lili con emoción a medida que sacude el hombro de Daniel.



Al llegar a casa el silencio me da el aviso de que mi mamá aún no ha llegado. Doy un suspiro ante el cansancio que cae sobre mis hombros mientras que mis pies parecen arrastrarse hacia la cocina con pasos que generan un sonoro crujido sobre la vieja madera. Las paredes blancas requieren de una pintura nueva y las puertas parecen ser sacadas de una película de terror con su singular chirrido.

Con una goma sujeto mi cabello para que no me moleste al momento de cocinar. El silencio de la casa no hace más que darle un aire tétrico al lugar. Sí bien hay ocasiones en las me agrada el silencio pero en esta ocasión prefiero tener algo de ruido, por lo que reproduzco algo de música que comienza a darle un poco de alegría a la casa. Haciendo que me sienta mucho mejor.

El sonido de la cerradura siendo abierta se hace notar para después ver la figura de mi mamá que carga consigo varias bolsas.

—Hola— dice dando un tropezón que la hace sujetarse del marco de la puerta.

FAERIEHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora