Capítulo 23: El Reino de Dyllianae.

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Nuestro camino a tomado rumbo hacia el mar de las tinieblas. Lugar en el que habitan las sirenas que han sido sometidas por la oscuridad y la crueldad de su líder que es portadora del diamante del elemento agua.

一Más adelante se encuentra el reino de Dyllianae.一 la voz de Andrea rompe el silencio en que nos habíamos sumido. 一deberíamos ir. Así conseguiremos algo de alimento para el resto del camino.一 sugirió la chica en dirección a su mellizo que no aparta la mirada del frente.

一Me parece una buena idea.一 concuerda Lawliet. 一pero primero hay que preguntarle a la princesi...一 sus palabras se detienen al momento en que yo lo fulmino con la mirada. A la espera de que se atreviera a llamarme de la manera en que suele hacerlo, con el fin de sólo molestarme. 一princesa.一 se corrige.

Desde aquella noche, nuestra relación se ha vuelto mucho más estrecha y amistosa. La tensión que había entre nosotros se había desvanecido, abriendo paso a algo mucho más tranquilo.

一Esta bien.一 mi voz sale en algo similar cómo a un suspiro, mientras que mi mirada está fija en la línea azul que parece marcar el fin de la tierra. Los músculos de mis hombros se sienten abarrotados, estar lo que parece una eternidad estaba cobrando factura en cada una de mis extremidades, pero aún así, hago lo posible por no hacer notar mi cansancio a los demás. 一me gustaría visitar el reino de Dyllianae.一 digo.

La chica a mi costado posa sus ojos azul cielo sobre mí por una fracción de segundos, para luego mirar a ambos chicos. 一deberíamos aprovechar cada viaje para llevarla a conocer cada reino.一 comentó en dirección a los chicos que sobrevuelan en sus pegasos. Dando éstos un asentimiento de cabeza.



El reino de Dyllianae gritaba primavera en todo su esplendor. Los hermosos valles de flores hacen que mis fosas nasales se deleiten con el aroma que desprenden. Las colinas, el césped y árboles verdes hacen que el lugar sea digno de una postal.

Luego de que nuestros pegasos bajarán a tierra con nosotros a cuestas. Avanzamos rumbo al pueblo del reino primaveral.

El transcurso sobre la tierra hace que la experiencia sea mucho más agradable. El cántico de los pájaros es alegre y algunas mariposas sobrevuelan sobre las flores, al igual que alguno que otro colibrí.

Nuestra llegada al pueblo había llamado la atención de los residentes. Y era de esperar, pues al ver a cuatro personas sobre unos pegasos, con equipaje y armas, tal vez no sea algo muy común de ver.

Varios seres cómo lo son las ninfas, faunos, centauros, enanos y semi-hadas, son los que transitan por las calles de aquel pueblo acogedor y sereno.
Los hogares son de estilo colonial y con su respecto jardín al frente; no me pasa desapercibido el hecho de que unas flores estaban ligeramente marchitas mientras que otras, simplemente eran hermosas.

一La princesa de Faerie ha llegado al reino primaveral.一 es lo que murmuraban entre ellos a medida que que pasábamos. Para después dar un inclinamiento de cabeza, en señal de respeto.



Luego de haber pasado por el pueblo, tomamos el camino que nos llevará a el castillo. Avanzando por un camino que está repleto de árboles verdosos y florales.

Encontrándome con la vista de una muralla y castillo de piedra. En la punta de cada torre ondean unas banderas rojas que tienen como emblema una flor rosada.

Una puerta de reja con pinchos en la puntas, es abierta. Dando ahora acceso a una de roble y de doble hoja. Esta al ser abierta, nos muestra la silueta de un hombre que viste una reluciente armadura dorada. Teniendo por la parte de enfrente de su coraza, aquella flor que yace plasmado en los banderines.

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