Iridiscencia

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"Dícese del fenómeno óptico donde el tono de la luz varía creando pequeños arcoiris"

No recuerda con claridad cuando fue la última vez que estuvo tan nerviosa por algo aunque seguramente nunca lo haya estado tanto como hoy. Las manos le tiemblan tanto que teme por la vida de su teléfono móvil.

Respira con calma evitando la terrible tentación de darse la vuelta y rehacer el camino hasta llegar a su piso.

Vuelve a recolocarse el pelo por quinta vez desde que salió del ensayo, antes de apurar el paso para no llegar excesivamente tarde. No sabe muy bien cómo debe actuar cuando lo tenga delante.

¿Debería saludarlo con dos besos o con un abrazo?

Amaia nunca ha sido de planear las cosas, ella es mucho más impulsiva y actúa según las circunstancias que le rodean así que decide dejar de darle vueltas al mismo tema y recortar los pocos metros que la separan de una de las cafeterías del Retiro, donde ha quedado con él.

No le cuesta muchos esfuerzos reconocerlo, Aitana tenia razón, sigue siendo el mismo de siempre.

Aprovecha unos segundos en los que él aun no ha reparado en su presencia para contemplarle con calma. La chica suelta una risa involuntaria al identificar como él se acaricia una y otra vez la nuca, uno de sus típicos movimientos que ocultan su inquietud, o al menos eso ocurría cuando vivían bajo el mismo techo.

Él observa como se acerca a la mesa que van a compartir antes de ponerse de pie. El corazón se le detiene durante unos segundos que se hacen eternos, sigue siendo extraño tenerla delante de sus narices y a veces incluso llega a dudar que todo lo que está viviendo sea un sueño.

No trata de retener la lágrima que se le escapa al observar los hoyuelos que se le forman al sonreír con delicadeza, y tampoco puede evitar una punzada en la boca del estómago cuando ella estira su mano para darle un apretón que no dura ni dos segundos.

Luis se obliga a si mismo a apartar la mirada de sus ojos marrones, porque si la mira una vez mas tendría que abrazarla y no soltarla durante al menos quince años.

-Hola Cepeda - saluda tomando asiento en una de las sillas de mimbre que decoran el precioso establecimiento - ¿Has pedido ya?

-Me he tomado el atrevimiento de pedir por ti, el camarero llevaba mirándome mal desde que me senté. Espero que no te moleste.

-No me molesta - afirma la navarra colocando el bolso en el medio, utilizándolo como una especie de muro que lo separe de él - ¿Quieres preguntar algo en especial?

-Quiero preguntar tantas cosas que no se muy bien por dónde empezar, así que tu primero.

-Yo no quiero preguntar nada - miente frunciendo el ceño y apretando sus nudillos con fuerza, él sabe que no está diciendo la verdad pero calla- Mas bien, Aitana y yo hemos decidido hacer preguntas cuando estemos preparadas y por ahora no lo estamos.

-¿Entonces de que quieres hablar?

-De tu vida, de vuestra vida.

-Amaia por favor, necesito explicarte lo que ocurrió aquella noche - la chica respira aliviada cuando el camarero se acerca de forma sigilosa a servir la merienda que Cepeda ha pedido para ambos. Cierra los ojos antes de comenzar a sollozar como un niño al distinguir dos cola caos en vaso de cristal con espuma y una napolitana de chocolate para cada uno.

-Sigue siendo mi desayuno favorito - admite cabizbaja, tomando la taza entre sus manos - Todos los domingos Roi me llevaba al bar de Don Tomás a comer una napolitana.

Incandescente Donde viven las historias. Descúbrelo ahora