Perenne

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"Dícese de algo continuo, incesante, que no tiene intermisión."

Miguel mueve la mano frente al rostro del gallego que sigue inmóvil, postrado en ese barato colchón de hospital que tantos problemas le está dando a su espalda intenta con todas las fuerzas elevar su mentón. Repite el proceso un par de veces más, en un claro intento de captar su atención, pero Roi sigue intentando procesar toda la información que la médica ha pronunciado hace tan solo unos minutos.

Su amigo está enfermo.

Puede que usar con Miguel la palabra amigo no sea demasiado acorde, pero en realidad el chico de ojos claros y pelo rubio lleva siendo parte de su vida desde que su padre falleció en Galicia y los servicios sociales lo enviaron a vivir a Terrasa.

Aún recuerda a la perfección el nerviosismo del pequeño Miguel escondido en los brazos de Noemí, que lo recibía con un par de globos de color verde y una comida suculenta, dándole la bienvenida a la que sería su nueva casa.

Miguel fue el primer niño que conoció en Barcelona y ahora es muy posible que se muera por una enfermedad respiratoria.

El catalán era el más pequeño del hogar, querido por todos por su picardía e inocencia y por esa mirada cargada de dulzura. Pero con el paso de los años Miguel se convirtió en un niño rebelde que acababa con la paciencia de cualquier adulto, sus travesuras y sus historietas de miedo eran conocidas en todo el vecindario y Roi de carácter asustadizo por naturaleza lo pasaba realmente mal con dicha situación, por lo que solía esconderse tras el cuerpo de Luis.

Incluso llego a odiarlo y a culparlo de todo el mal que sufrieron aquellas navidades, porque fue él el que abrió el baúl de los recuerdos y dejo escapar a la protagonista de todas sus pesadillas : Romina.

Sin embargo ahora analiza su cuerpo tumbado en una cama de urgencias, con la tez tan pálida que sería muy sencillo confundirlo con el color de las sabanas que tapan sus piernas y lo único que siente es una infinita tristeza por el chaval.

-Roi – exclama por décima vez el rubio – Siento no habértelo contado antes, pero no quería que nadie sintiese lastima por mí.

-¿Te estas muriendo? – pregunta de nuevo intentando salir de ese estado de shock en el que ha entrado.

-Podré recuperarme, según la doctora llevo conviviendo con esta enfermedad muchos años así que estoy casi seguro de que saldré de esta. Solo necesito una cosa, Roi por favor.

-Lo que tú quieras, te ayudaré en lo que necesites.

-Sácame de aquí – suplica incorporándose de la cama para rozar con su mano el hombro tembloroso de su compañero – No puedo vivir encerrado entre cuatro paredes, acabaría volviéndome completamente loco, necesito aire fresco y hacer mi vida, como siempre.

-No puedo ponerte en riesgo, la médica ha dicho que necesitas estar atendido las veinticuatro horas del día – repite la información que tan bien ha captado su cerebro – Pero podemos intentar otra cosa.

-Lo que sea, todo será mejor que estar conectado a estos malditos aparatos.

-Hablaré primero con el equipo médico y después volveré para pasar la noche contigo ¿De acuerdo? – el chico asiente a la vez que Roi dirige sus pasos hacia la puerta – No te muevas de la cama, por favor te lo pido.

-Joder Roi, yo que tenía pensado salir un ratito a correr – se ríe de su propio chiste volviendo a acostarse y centrar su mirada en la pantalla de su teléfono móvil, esperando que se ilumine con la palabra papá escrita en ella.

Incandescente Donde viven las historias. Descúbrelo ahora