Asíntota

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"Dícese de una linea recta que, prolongada indefinidamente, se acerca progresivamente a una curva sin llegar nunca a encontrarla."

Luis nació un veintiséis de agosto de hace ya unos cuantos años en la ciudad gallega de Ourense, hijo de padres trabajadores y constantes.

Encarna y Luis criaron a su único primogénito ajeno a todos aquellos estímulos que la caja cuadrada les proporcionaba al resto de niños de su edad.

Quizá fue por esa decisión que sus padres tomaron cuando aun era demasiado pequeño por el cual Luis supo y sabe a día de hoy disfrutar de las cosas mas cotidianas de la vida.

Luis tiene el don de ver belleza donde otros solo divisan aburrimiento.

Aprendió a tocar la guitarra y el piano de manera autodidacta a los cinco años, imponiéndose así mismo valores como el del esfuerzo y la superación personal.

Llegó a la vida con una armadura de metal, convirtiéndose así en el caballero andante que defendería a capa y espada a todos aquellos que fueran importantes para él. Siempre creyó que podría ganar todas las batallas poniendo el corazón como bandera, pero nunca en sus treinta y tantos años había logrado ganar ninguna de ellas.

Su madre como cualquier otra quería evitar cualquier mal a su retoño pero Encarna sabía con certeza que el corazón de su hijo saldría malherido en más de una ocasión, porque Luis se entregaba a todo al cien por cien, sin medir las consecuencias. Aun así decidió callar y lo apoyo en todas las decisiones que Luis fue tomando por el camino, incluso cuando a los ocho años se sintió obnubilado por su profesora de geografía y decidió que era una muy buena idea escribirle una carta expresando sus sentimientos.

Luis Cepeda Fernández creció siendo un amante del amor y su pobre madre intentaba hacerle entender que en el amor no es todo tan sencillo como parece. La palabra relativizar solía ser frecuente en las conversaciones que madre e hijo repetían cada tarde frente a la chimenea del salón, pero como el gallego no entendía el significado de la palabra dejo pasar los consejos hasta bien entrada la edad adulta, cuando se enamoró por segunda vez.

La primera mujer de la que se enamoró hasta la perdición fue de ella, su querida madre, la suerte que tuvo de tenerla como referente fue un milagro, sus caricias y sus mimos siempre quedaran grabados en su piel. Encarna es y siempre será su estrella, la mas brillante de todo el cielo y con la que se reunirá tarde o temprano. Siempre le estará agradecido por haberle dado la vida y por darle sentido a esta.

La segunda mujer de la que se enamoró fue a los vientitantos, unos años después de llegar a vivir a Madrid. Irene apareció en su vida como un terremoto capaz de hacerle temblar desde los pies hasta el ultimo pelo de su cabeza. Era bonita, muy bonita, morena de largas cabelleras y unos pómulos marcados que la hacían pareces adorable. Con ella vivió muchas primeras veces que siempre recordara con cariño pero como todo en esta vida, termina, y por supuesto también lo hizo el amor por ella. O el que creía sentir. Con varios años sobre su espalda puede reconocer que lo de Irene fue más bien una amistad con ciertos derechos que acabó en desastre. Se convirtió en una mujer fría y egoísta, pero Luis tenía en sus hombros el peso de una familia a la que no quería abandonar por nada del mundo.

Solo le hizo falta la llamada de Miriam una noche a las tantas de la madrugada ahogada en su propio llanto contándole que estaba embarazada para darse cuenta de que la vida que el quería no era junto a la malagueña.

Después de Irene llegaron varias mujeres como por ejemplo Paula, con la que compartió sudor gemidos y caricias en cualquiera de las superficies planas del pequeño piso de la rubia. Pero Luis sabia que no funcionaria a largo plazo, el no estaba preparado para una relación seria en la que dos personas comparten algo mas aparte de fluidos, así que la dejo ir antes de que alguno de los dos pudiera llegar a sufrir.

Incandescente Donde viven las historias. Descúbrelo ahora