Petricor

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"Dícese del olor que produce la lluvia al caer sobre el suelo seco."

23 de diciembre de 2022

Avanza por el jardín soportando las ganas de echarse a llorar. Lo consigue, al menos hasta que sus pies frenan de golpe delante de ese portón de madera en la que acostumbraba a recibir a los niños cada día después del colegio.

Baja la mirada hasta sus piernas, desde donde desciende hasta llegar a los zapatos de tacón cerrado que ha elegido para hoy, un color oscuro que combina a la perfección con el esmaltado de sus uñas y su falda plisada. Se da cuenta que todo en ella ha cambiado, ya no es la mujer cohibida e introvertida que solía ser cuando vivía en la casa que tiene delante. Noemí se ha convertido en la mujer que siempre quiso ser, la que disfruta de largos y tranquilos paseos en cualquier parque del mundo, la misma que se fascina cada vez que entra en un teatro o una ópera para disfrutar de una función, la que ha aprendido a querer de forma sana y la que también disfruta de que otros la quieran.

Por puro instinto se acaricia el vientre con temblor, como si con su propio tacto pudiera seguir protegiendo a ese bebé que solo estuvo dentro de su vientre durante seis meses.

Ese hijo al que sigue llorando todos los cinco de septiembre, cuando el sol se enconde.

Vuelve a recordar cómo fue la sensación de la sangre resbalándole por los muslos, empapando su vestido de flores favorito y sus propias uñas, las que tardaron varias horas en volver a su color natural.

Mira hacia ambos lados, asegurándose que nadie la está mirando y se imagina por un segundo a Biel jugando en el césped, con los pies descalzos y la sonrisa pintada en esa carita que nunca llegó a ver. La verdad es que nunca pudo recrearse mucho en como sería el físico de su pequeño, así que en su cabeza Biel se imagina que es la estrella que más brilla del firmamento.

Llama al timbre y solo tardan un par de minutos en abrirle, una señora de pelo rojizo le sonríe y con un gesto educado le permite pasar al salón principal desde donde Noemí puede observar a cinco ancianos embobados mirando el televisor.

-Bienvenida a Siglo Dorado, mi nombre es Mariana ¿Qué necesita? – la mujer se inclina hacia Noemí para darle un rápido apretón de manos, dejando a la catalana sin voz y algo más pálida de lo normal - ¿Se encuentra usted bien? ¿Necesita sentarse?

-Venía a visitar a una persona – le expone con algo de duda.

-Por supuesto, dígame el nombre y le diré el número de habitación – pide sin perder la sonrisa.

-Vengo a ver a Tinet Rubira – para Noemí no pasa desapercibido el cambio de mueca que ha hecho la secretaria – Es urgente así que si es tan amable de llamarlo cuanto antes. O si quiere yo misma pueda pasar su despacho.

-El señor Rubira no se encuentra en estos momentos en el centro pero puedo ofrecerle una cita para otro momento, la semana que viene creo que tiene un hueco en su apretada agenda.

-Puedo esperar hasta que llegue, no tengo prisa – afirma con dulzura ganándose como respuesta la negativa de la mujer – Le he dicho que es urgente, no pienso mover ni un pelo hasta poder hablar con el señor.

-Señora lo siento mucho, pero tengo que pedirle que abandone el lugar, como le he explicado el señor no se encuentra en estos momentos por lo que no puedo permitirle que siga en el centro sin una autorización de visita hacia alguno de nuestros ancianos. Espero que lo comprenda pero son las reglas y me juego mi puesto de trabajo si hago lo contrario.

Noemí está a punto de abrir la boca para responder de malas formas, pero el pelo rizado de Miriam bajando por las escaleras de madera la desconcentra, dándole tiempo a Mariana para sujetarla delicadamente por el antebrazo para poder sacarla de la vivienda.

Incandescente Donde viven las historias. Descúbrelo ahora