Veintidos

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Empezamos a dejar de retarte y a jugar tranquilito con lo que deseabas, hasta a vos mismo te costaba al principio el aceptar que podias tocar o ponerte lo que querias, te costo perder el miedo, perdernos ese miedo que nosotros como padres te habiamos infundido.

Por ahora estabas jugando de a poco solo en casa hasta que llego el dia de conocer a Valeria. Entraste a su consultorio solito; estuviste poco tiempo, pero te sirvio de mucho, le dijiste tu nombre, el que solo habias elegido, y ella lo respeto.

Saliste tan contento, te gusto ella, te encanto que fuera una nena, me dijiste que era relinda y que te encantaron sus zapatos altos.

A la semana siguiente, al entrar al consultorio, Valeria habia comprado dos bolsas llenas de juguetes para nenes y para nenas; muñecas, autos, jueguitos de te, camiones, una cancha de futbol en miniatura. Te puso varias cosas delante y te dio a elegir cual querias, con cual deseabas jugar y fuiste directo a una muñeca con vestido de novia.

Y asi, una vez por semana, todas las semanas. Era tu hora de felicidad, ibas tan contento a jugar con ella, te sentias libre, comprendido, contenido y por sobre todas las cosas, encontraste una profesional con una sensibilidad que muy pocos tienen, captaba tu estado de animo al instante y se gano tu confianza en la primera sesion.

Yo escuchaba del otro lado de la puerta tus risas; estabas feliz con ella, respetaba tu mundo y no solo eso, lo entendía, lo compartia.

Un dia te dijo que podías traer lo que vos quisieras de casa para jugar con ella, hiciste lo mismo con la psicóloga anterior, llevaste en una bolsita tu vestido de cotillón y tu peluca que ya estaba desastrosa, pero no te la querías sacar. Viajaste esas dos horas y media con tu bolsita en la mano.

Valeria te abrió la puerta de su consultorio y al entrar te cambiaste de ropa como si se te acabara el tiempo;  sentias un gran alivio al ponerte esa ropa. Venias viajando y eras un nene pensativo y amargado, llegabas ahí y te liberabas, te ponías ese vestido, la peluca y le dabas de nuevo vida a esa carita triste, le devolvias el alma a ese cuerpito que no acompañaba tu sentir. Las dos bolsas de juguetes fueron con el tiempo resumiendose en una, la que tenia juguetes de nena; hubo camiones que ni siquiera tocaste. Al contrario, le decias: ¨Ese es para Federico¨, pero vestida de princesa y con peluca. Eso demostraba que no importara con que jugaras, si era un juego de varon, mientras vos jugaras vestida de nena. Lo que realmente era importante era lo que decías ser, y vos querias ser una nena.

Yo nena, Yo princesa.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora