Ver a Cammeron coquetear intensamente con un chico, no era mi idea de miércoles por la tarde. Tenía un par de deberes que hacer, pero el dichoso Thomas, tenía un taller de dibujo a eso de las seis de la tarde. Y a Cammeron se le ocurrió venir, a montarle el show del super amigo con segundas intenciones.
No ayuda estar sentada sola en las gradas del estadio de futbol, haciendo como que miro el más allá, porque me rehúso a simular que tengo notificaciones re interesanates. Y tampoco es que quiera responderle a Michael.
Michael: Soph, estan acusando a la empresa Hawking de fallar el control ambiental, así que voy a pasarme por la ciudad para resolverlo... Tienes hasta las ocho si quieres venir y hablar con Robin.
Decido que dejare que se autoconteste, no entiendo por qué sigue intentando que hable con el maldito hombre que me hizo la vida pedazos. No quiero su perdón, ni él quiere pedirlo.
—¿Estas son tus tardes los miércoles?
Una voz femenina bastante conocida se me acerca por detrás. Volteo a ver y allí está Katherine, con una mueca en la cara viendo a los chicos de más adelante a la izquierda reír, por algo que dijo Cammeron.
Asiento de todos modos.
—Cammeron quiere que haga de sujeta velas casi siempre que conoce a alguien nuevo, supongo que se siente menos temeroso si sabe que tiene respaldo.— sonrío y ella también.
—Mira...— se sienta a mi lado— la verdad, te juzgue, muy mal. Y lo cierto es que pensé que por compartir el apellido eran iguales...
—Espera. Hablas de... ¿Michael?— ella se muerde el labio y asiente, nerviosa— Ey, está todo bien con eso, supongo que es algo natural... Digo, mi hermano puede ser un idiota muchas veces y nos parió la misma mujer, así que es razonable que pensaras así de mí.
Tu siempre haciendo lo mismo, nadie tiene la culpa excepto tu o tu familia.
—No debería haberlo hecho, de todos modos, debí pensar en otra cosa que no sea en ese Salvador.
—Estás... ¿Enamorada?— pregunto con cierta vergüenza.
Ella se mira las manos, acomoda sus cuadernos y su mochila. Parecen gestos de pura indecisión y nerviosismo, y me siento culpable de haber preguntado tal cosa. Se plisa la falda y me mira con un suspiro.
—Puede ser... O no... No lo sé...— cierra los ojos y se frota la frente, como si lo estuviera sufriendo.— Es solo que... Cuando estamos solos, él es maravilloso, cariñoso y comprensivo, pero cuando se encuentra rodeado de gente... Simplemente... Procura "olvidarse" de mi existencia. Y yo, como idiota, sigo creyendo que va a cambiar, pero es como si su moral le dijera que salir con alguien de mi edad es poco práctico y muy vergonzoso.— dice con angustia mientras acaricia los papeles de sus cudernolas.
Yo enseguida comprendo a mi hermano y sé que ella no lo hace.
—Él trata de protegerte... Tiene miedo y verguenza de si mismo, no de ti.— le explico y ella me mira dudosa de lo que le digo— Es un idiota por no ser claro y no saber expresar nada, pero lo conozco, sé que está preocupado por ti, por lo que te pueda pasar si estas con él.
—¿Qué me puede pasar?— rie en un suspiro, como si no lo pudiera creer.
—Salir herida, de aquí— me toco el lugar donde está mi corazón.— Mi hermano no se lo permitiría, nunca. Y él es muy impulsivo, celoso ocasionalmente y sobre todo enojón. La peor combinación para él, y a ti te quiere, lo sé porque he visto como te mira, como se asegura de que estés bien en todo momento. Incluso cuando no está contigo.
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OXÍGENO PARA MÍ ©
Novela JuvenilSer una más jamás me ha resultado bien, siempre me he sentido por fuera del mundo en el que viven los más cercanos a mí. Me he sentido invadida, agobiada y perdida, durante tanto tiempo... que simplemente esos sentimientos me consumen las energías p...