Bien, por si se preguntaban que había pasado luego de mi arrebato... Bueno, terminamos justo donde estamos ahora. Frente a la casa de su madre.
Yo había visto en muchas revistas está mansión, que no le pertenece a la madre de Ares, sino a su nuevo marido, Eduard Chapeliot, un empresario millonario, que formó empresas de líneas de ropa, una supercara y la otra superbarata, obviamente siendo estratégico, se había hablado de que también invertía en la bolsa, pero nada es seguro.
Y Medeline, la madre de Ares, es modelo desde muy joven, formó su propia línea de cosméticos y se sabe que es dueña de varios hoteles en Punta Cana e Italia, lo sé, nada que ver una cosa con la otra, pero allí está. Sale en las revistas, gracias a sus aportes caritativos a empresas como Unicef, luciendo tacones y vestidos formales, sin una sola imperfección, su piel lisa y su sonrisa blanca y destellante. Reconoce a sus hijos, habla de ellos como si aún mantuvieran un mínimo de relación, cuando los tres no quieren saber de nada, pero callan para mantener a la gente callada, irónico lo sé. Ah y tiene una hija, Bella, una chiquilla un poco menor a Owen, lo que deja bastante en claro que engañó a su marido.
—Bien, vamos— me indica Ares apeándose del coche.
Un señor vestido de traje nos abrió gentilmente la puerta, Ares lo saludó con amabilidad, mientras que yo me quedaba admirando lo blanquecino de aquella casa y lo gigantes que parecían las paredes. El señor de la puerta se dirigió a avisarle a Medeline que Ares estaba allí, nos invitó a sentarnos en el sofá de la sala, justo en frente de nosotros, pasando por debajo de las escaleras que descendían al hall. Nos sentamos y Ares tomó su celular.
Me incliné a verlo y vi el nombre de Nahuel, su hermano mayor. Estaban discutiendo, el chico sentado a mi lado le echaba en cara que siempre era él el que debía ir a casa de su madre, que él nunca se preocupaba por las cosas de la empresa, que también definirían su futuro, mientras que el más grande le decía que él había elegido su camino hacia tiempo y que no se sentía para nada cómodo yendo a la casa de su madre, alegando que habían tenido una discusión fea la última vez.
—Déjalo, ya se dará cuenta él solito— le doy ánimo empujándolo con mi hombro, Ares se frota la frente y me sonríe, para luego asentir.
Se inclina y me da un beso en la frente.
—¿Te estás auto consolando?— lo cuestiono por sus acciones.
—Sí, defintivamente es lo que hago.— me sonríe y me quedo maravillada por la calidez y confianza que me brinda esa sonrisa.
—Ares, no esperaba que vinieras tan pronto— una voz dura y femenina interrumpe nuestro contacto visual, es ella, es Medeline, vestida como si el presidente fuera a visitarla, lleva un vestido blanco ajustado, con unos tacones bajos color crema y su cabello recogido en un rodete.— Y con compañía ¿Quién es ella?— su grosería arruina toda imagen que pueda haber dado en un principio.
—Soy Sophia— decido adelantarme y me levanto para darle la mano, ella la toma con altanería y la sacudo ligeramente. Ya me da miedo.
—Bien, no sé por qué mi hijo decidió traerte aquí, pero eres bienvenida.
Definitivamente eso significó todo lo contrario. Sí que era parecida a Ares, sus ojos eran de un color semejante y su cabello era negro azabache, tenía las pecas que tiene Ares y aún así, no se parecían en nada. Su modo de caminar, como si el mundo debiera abrirse a su paso, era parecido al de su hijo, pero más intenso.
—Medeline, hagamos esto rápido— gruño Ares frustrado.
—No me llames así, Ares, no creo que sea la forma correcta de hablarle a tu madre.— comentó ofendida.
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OXÍGENO PARA MÍ ©
Teen FictionSer una más jamás me ha resultado bien, siempre me he sentido por fuera del mundo en el que viven los más cercanos a mí. Me he sentido invadida, agobiada y perdida, durante tanto tiempo... que simplemente esos sentimientos me consumen las energías p...