El imbécil de Chase.

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Narra narradora.

Con Joshua.

-¿Chase, podrías venir? –dice Joshua aún sentado. Chase quien está en su habitación suspira frustrado. –Sé que nos estabas oyendo, así que apresúrate.

-Voy. –sale. Llega a donde Joshua está y lo mira.

-¿Fuiste tú el de la ventana? –Chase niega. - ¿Sabes quién fue?

-Joshua, esa noche llegué tarde...

-¿Qué estabas haciendo? –dice con una calma que hace que el ambiente se hele.

-Yo...yo estaba...

-Estabas con esa chica ¿no? –Chase se queda callado y Joshua se levanta, se acerca a él. –Te dije que te alejaras de ella ¿por qué sigues con ella?

-La amo.

-Estás encaprichado con ella y tú lo sabes. –Chase se pone serio.

-No es ningún capricho...

-Eso no lo sabes, ahora, olvídate de ella y concéntrate en cuidar de mi sobrina.

-No soy un niñero, Joshua, además estará solo aquí ¿qué ha de pasarle?

-La cuidarás, olvidarás a tu capricho...

-No...

-Para siempre. –dice severamente. –Y estarás al tanto de lo que a ella le pase, físico o mental.

-De eso puede encargarse Chantal.

-¿Y Chantal se podrá encargar de Michael o Larissa?

-Pero...

-No quiero volver a tener esta conversación Chase.

-Como guste. –sale enojado. –Y sé dónde está, puedo olerla a kilómetros.

-Bien. –dice Joshua sentándose.

Narra Victoria.

En la habitación de Chantal.

-Vic. –dice Chantal cerca de su cama, la miro. –Lo siento. –niego y me acerco a abrazarla.

-No tenías la culpa, perdóname a mí.

-¿Te enteraste de todo? –asiento y me abraza con fuerza.

-Hasta ayer pensé que mi vida era normal, pero ahora... la veo lejana. –hace que la mire.

-Sé que todo cambió, pero nuestra amistad no. –sonrío.

-Nunca. –sonríe y me abraza.

-¿Y te digo algo magnífico? –la miro.

-Dormirás aquí conmigo. –sonrío. –La cama es grande. –nos reímos y me detengo.

-Espera ¿qué pasará con mi madre, mi... mi padrastro, mi trabajo...? –antes de que Chantal hable, su puerta se abre y entra Chase.

-Tú madre será informada, el sujeto que llamas padrastro no tiene por qué importarte y tú trabajo no lo necesitarás.

-¿Qué acaso no sabes tocar? –se encoge de hombros. - ¿Qué hubiese pasado si hubiese estado desnuda, imbécil?

-Chantal me hubiese avisado.

-¿Cómo? Apareces repentinamente.

-Deberías de sentir a todos aquí.

-No soy un vampiro.

-Mitad sí. –me cruzo de brazos. –Además, ella tiene un amuleto que te dice cuando nos acerquemos. –miro a Chantal y asiente.

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