El Ciervo

9 3 0
                                        

Salvarle podría costarme pero al menos le reformaría y me ayudaría bastante. Además de que nadie sospecharia de un hombre de la calle. A ser verdad, es estúpido pero genial, me siento como un maldito genio improvisado y con suerte.
- Me llamo Logan, ahora necesito que des tú parte ¿Donde está?
- Él se encuentra a las afueras de la ciudad, en la única casa colina arriba, la suele utilizar para esconderse. Va muy seguido allí.
- Gracias ¿Cual es tú nombre? - Le dije mientras le extendía la mano.
- Leo. ¿Si vendrás por mí? - Dijo de manera tímida.
- Cumpliré mi palabra si vuelvo vivo.
Tomó mi mano y se puso de pie. - En ese caso, vuelve.-
Asenti con la cabeza y me dirigí hacia el auto. Debe de estar más seguro, porque siempre vuelvo con vida ya que mala hierba nunca muere, al menos eso decía mí abuela... No es momentos para recuerdos, encendi el auto y empecé a conducir, me dirigía por las calles principales para llegar más rápido, si fuera por fuera de la ciudad me tomaría varías un par de horas más en llegar. Se estába haciendo tarde y apenas llegase tendría que estar preparado pues, no tengo ningún plan para asegurarme de llegar y encontrarle. Pasaban los minutos y cada vez sentía más la adrenalina ¿Que carajos me esperará ahora? Dije en voz alta y me mantenía en el camino. Será mejor que improvise algo totalmente serio. Este hombre supongo que debe de tener seguridad si pasa huyendo de la ley.
Se había vuelto de noche cuándo me acercaba a dicha casa, se veía a lo lejos y la poca luz no me dejaba en claro si habían personas fuera de ella. Llegué a la entrada y deje el auto estacionado unas cuadras más adelante. Tendré que rodearle sin que nadie se entere de que estoy aquí. Subí por un camino alejado, pero lo suficientemente cerca para poder obtener algo de visibilidad. Habían hombres que caminaban con linternas, eran cuatro y no quería llamar la atención. Sus movimientos se basaban en caminar y mirar a lo lejos, y cambiaban de posición cada cinco minutos. Tenía que distraerles de alguna forma. Me acerqué un poco más y empezó a llover y a tronar, la visibilidad se estaba perdiendo mucho más, este era el momento justo para atacarles por la espalda, tenía una pequeña navaja en mi bolsillo. La tomé y caminé hasta estar tán cerca que oía sus conversaciones.
- Oye Chad ¿Porque no vamos dentro? Llueve mucho.
- No vayas a hacer encabronar al jefe. Siempre debemos de aguantar hasta que lleguen los del otro turno, aún faltan varias horas para eso así que deja de llorar.
Me tumbe en el suelo y empecé a arrastrarme, lentamente hasta estar detrás del que habló con el tal Chad. Me puse de pie y clave la navaja en su garganta y acosté su cuerpo con suavidad para que no se percataran.
- Oye Ben. Te quedaste callado de repente.
- No soy Ben, pero si puedo matarte ahora mismo Chad... - Le dije susurrado al oido mientras le colocaba la navaja fuertemente en su garganta.
- Hey cálmate, te diré lo que quieras pero no me mates.
- Eso pasará si cooperas conmigo. Ahora dime ¿Donde mierda está tu jefe?
- Está dentro junto a su esposa...
Le golpee la nuca hasta dejarle noqueado. Caminé hasta la entrada, encubriendome con las flores que decoraban la casa. No tardé mucho hasta encontrarme con otros de los guardas. Sí este camina encontrará a los otros y darán alerta. Le salté enfrente hasta tumbarlo en el suelo, golpeándole repetidamente en la cara hasta dejarle inconsciente. Me faltaba uno, y fuí a buscarle, no quería que se percataran por un error tán simple. Este estaba de pie en le entrada principal, tomé una piedra y la tiré enfrente mío para que se acercara. Esto llamó la atención de él y caminó hasta donde me encontraba, se asomó con cautela y le tiré tierra en los ojos. Le di varías patadas en el estómago hasta que cayera y le clavé la navaja en las rodillas.
- Bueno, eras él último, espero no te sientas mal. Uno de tus compañeros está muerto, los demás están tirados inconsistes y golpeados. Pero, quería desahogar un poco mi ira en tí. No creo que vuelvas a caminar ni respirar más.. Bye bye. - Le dije mientras le sacaba la navaja de la rodilla y se la clavaba en la frente. Bueno, uno más unos menos ¿Que se le va hacer? Me dirigí hasta la entrada y entré con cautela. Me dirigí a la cocina y ahí estaba ese bastardo, teniendo sexo con lo que creía que era su mujer.
- Al menos finge mejor tus orgasmos ¿No?
Los dos pegaron un salto y su esposa gritaba asustada.
- ¡¿Quien eres?! - Dijo Marco
- ¡Oh! Que bueno que preguntas, soy tu maldito infierno hijo de perra y será mejor que me vayas a responder unas preguntas.
La puerta se la entrada se abrió de golpe y empezaron a disparar.
- ¡Huya jefe! Nos encargaremos de esto.
Estaba tumbado en el suelo y Marco salía despavorido de la casa. ¡Se supone que llegaban en unas horas no ahora! Bueno, será entretenido.

Mariposa AzulDonde viven las historias. Descúbrelo ahora