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ELECTRO

DOUBT | CAPÍTULO TREINTA Y SIETE

DOUBT | CAPÍTULO TREINTA Y SIETE

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Wetchester, Nueva York
Nueve años después
1992


Como si fuera algo natural, me despierto a la par que se escucha un grito del otro lado del pasillo. No debería serlo, pero con el tiempo todos en la mansión tuvieron que acostumbrarse a despertar a mitad de la noche cada vez que Alina tenía una pesadilla causada por alguna de sus visiones.

No me toma tanto levantarme y llegar hasta Alina, quien está fuera de su cama sentada en el escritorio echada hacia adelante. La linterna de la mesa está encendida, y el desorden de las sábanas sobre el colchón me indican que acaba de salir de ahí. Me le acerco con cautela observando cómo su mano se mueve veloz sobre una hoja de papel en blanco que poco a poco se va llenando de colores.

Hasta que se queda quieta mirando lo que acaba de plasmar.

—¿Esa es Jean?

Alina arruga el dibujo en cuanto se percata de mi presencia en la habitación. Ignoro la reacción que tuvo y la miro esperando a que me cuente.

—No lo sé. Se parecía a ella, pero no se sentía como ella. —se levanta con la bola de papel en la mano arrojándola al cesto de basura. —Fue muy extraño.

—Cuéntame.

Se quita los mechones oscuros de la cara entreabriendo los labios. En sus ojos pude ver la duda que tenía mientras buscaba las palabras para empezar a hablar. ¿Tan malo había sido lo que vio?

—Sentí la rabia de Jean. También estaba cargando con mucho dolor y se encontraba inestable. Había confusión, desesperación y miedo, mucho miedo.

Quise decirle que no se preocupara. Que sólo había sido un sueño nada más. Pero la realidad era muy opuesta. Pocas eran las veces que los sueños de Alina eran sólo eso, y es lo que me tenía inquieta en este momento.

—Duerme un poco. Eso te ayudará.

Con suavidad me le acerco hasta tomarla de los hombros llevándola hasta su cama. En eso otras figuras entran a la habitación. El primero es Jeremy, como ya me lo esperaba. Los otros dos son los hijos de mi hermano con Khristeen, los mellizos Luka y Kyra.

Jeremy llega hasta Alina preguntándole en voz baja lo que había pasado. Retrocedo un par de pasos para darles privacidad. Procuro que Alina se voltee completamente para agacharme y meter la mano en el cesto de basura. Sujeto la pequeña bola que hay, vuelvo a ponerme de pie, y finjo que no ha pasado nada.

Cuando puedo asegurarme de que Alina esté calmada y con compañía salgo de la habitación a toda prisa hasta parar en un lugar solitario. Entonces abro la bola de papel para apreciar el dibujo.

𝐄𝐋𝐄𝐂𝐓𝐑𝐎 (𝐗-𝐌𝐄𝐍) ¹Donde viven las historias. Descúbrelo ahora