El matrimonio Kim sufrió un catastrófico accidente automovilístico llevándose consigo la vida de SeokJin y JiSoo. Dejando huérfanos a los mellizos, DaeHyung y Saya.
El hermanastro de JiSoo, Min YoonGi, queda a cargo de sus dos pequeños sobrinos por...
Para cuando llegó a casa, podía oír las risas de los niños en la planta alta, sonrió con alegría al comprobar que estaban bien y que su madre no había arruinado su felicidad.
JeonGguk se deshizo de su chaqueta, dejándola colgada en el perchero y también se despojó de su corbata, desabotonó un poco su camisa para luego buscar a YoonGi o a su madre. No había rastros de ellos dentro de la casa y eso le estaba preocupado más de lo que realmente debería.
Él quería a YoonGi, de eso estaba seguro... y más que nada lo quería en su vida, pero el pálido podía ser algo charlatán, por no decirlo en otras palabras y solía hablar de ciertas cosas que no a todo el mundo le agradaban.
Siendo su última alternativa, se encaminó hasta el jardín.
Bajo la pérgola se encontraban charlando su madre, YoonGi y la madre de Candy, Dara.
Su madre y Sandara hablaban amenamente, como si ellas se conocieran desde hace años, reían y se hacían bromas. En el otro extremo estaba YoonGi, con su cara roja de cólera y mordiendo una de sus uñas, sumamente serio, probablemente odiando que Dara estuviera allí.
JeonGguk aclaró su garganta haciendo que las mujeres dejaran de parlotear y que YoonGi lo mirara con los ojos sumamente negros, de furia, probablemente. Él ni siquiera era capaz de mirarlo a la cara, sabía que YoonGi lo mataría una y mil veces con la mirada.
— ¡Hijo! — Chilló Do-yeon. — ¡qué bueno que has llegado! ¿Ya conoces a Sandara?
— Y vaya que la conoce. — Murmuró YoonGi.
JeonGguk desencajó su mandíbula y miró al enojado peliazul, que con o sin intención había soltado tal comentario. El castaño hizo su mejor esfuerzo por no gritarle y miró a su madre que observaba aquellos intercambios de miradas y comentarios lanzados al viento.
— Nosotros nos conocemos de antes. — Interrumpió Dara. — Y nos llevamos de maravilla. ¿No es así, Gguk?
JeonGguk miró de reojo al peliazul, juraba que escuchaba los dientes del pálido crujir.
— Por supuesto. — Sonrió algo incómodo.
Do-yeon los observó y luego, con una sonrisa cómplice asintió.
— Ya veo... JeonGguk es un buen hombre, ¿no es así, Sandara?
— Ni que lo dudes. — La mujer recorrió lentamente con la mirada el cuerpo de JeonGguk.
— Bueno... — El castaño interrumpió. — ¿Te quedas a cenar, Dara?
— Por supuesto. — Le sonrió coqueta.— ¿Quieres que hagamos la cena juntos?
Su cambio de conversación había salido mal, muy, muy, mal. Instintivamente miró a YoonGi, quien mantenía sus ojos fijos en él, con un claro mensaje en su rostro; "Di las palabras equivocadas y te cortaré los huevos."
— En realidad... YoonGi lo hará, él sabe más que nadie cómo alimentar a los niños.
— Bueno... podríamos ser los tres, no hay problema.
— Tranquila, Sandara. — Habló por fin YoonGi, con su voz sospechosamente amigable. — Tú eres nuestra invitada, quédate con la Sra. Jeon hablando, nosotros nos ocuparemos.
— YoonGi tiene razón, querida. — coincidió la mujer. — Déjalos a ellos.
— No todos los días Jeon JeonGguk te cocinará. — YoonGi la miraba con una sonrisa, pero era tenebrosa.
— Vamos. — JeonGguk lo arrastró adentro.
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