En el trabajo, cuando tenía unos lapsus de tiempo para comer, se le quedaba viendo a la tarjeta, había pasado una semana desde que Chantel se la dio y aun no decidía si llamar al terapeuta o no.
Por esa tarde tomaría una abrupta decisión.
Estaba revisando los costes de ingreso y egreso junto a Chantel, la vez anterior no pudieron trabajar en nada y la señorita también tenía otras ocupaciones.
Su teléfono comenzó a sonar, al principio no le tomo importancia pero el sonido era tan insistente que lo comenzó a buscar entre todos los papeles. Era Elli, sabía que no era nada bueno. Solo podía llamarlo en caso de emergencia.
‒Que se le ofrece, señorita...‒ no lo dejo terminar.
‒Es Jade... no quiere salir de su cuarto, tiene un cuchillo... hirió a un guardia‒ en casa, Elli trataba de entrar al cuarto, pero ni ella se le autorizaba el acceso.
‒Iré cuando termine mi jornada, mientras déjenlo, pongan a un guardia en la puerta pero no intenten nada‒.
Colgó la llamada, aflojo su corbata y se reclino en la silla. Chantel estaba atenta a sus movimientos y pudo deducir que tenía un problema grande en casa.
‒Terminando contigo iré a casa, no puedo aplazar esto más tiempo‒ poso su mano en el escritorio y se recargo un poco, agotado.
‒Ni siquiera sé porque lo sigues aplazando‒ tomo un sorbo de su bebida para continuar ‒ya tienes el problema, enfréntalo‒.
Chantel no volvió a decir nada más, se concentró en anotar números en las carpetas esparcidas por el escritorio.
Conducía con rapidez por las calles de la ciudad, nadie iba a multarlo, tenía una emergencia, su pareja estaba en riesgo. En algunas ocasiones llego a faltar en las señales de tránsito, aunque siempre se fijaba que no hubiera ningún carro para no tener un accidente.
Al llegar ni siquiera apago el motor, solo dejo el auto frente a la puerta, sabía que alguien se encargaría de llevarlo a donde pertenecía.
En la puerta ya lo esperaba el guardia que Jade había atacado, con la muñeca vendada y el gran rasguño que le cruzaba desde el ojo hasta la mejilla, curado.
Camino junto a él antes de llegar a las escaleras. Reconoció al guardia, era el que lo había puesto como vigilar a Jade.
‒En la mañana estuvo normal, pero apenas mencione su nombre mientras estaba con la señorita Claire charlando y empuño el cuchillo de la comida contra mí‒ al llegar al pie de las escaleras se detuvo para volver a sus labores normales. Nadie dijo nada más.
Subió la escalera con desespero, esperando a que Jade siguiera vivo o que no hubiera dañado a otro miembro del personal.
Abrió la puerta del cuarto principal en silencio y Elli comenzó a hablar.
‒No ha salido de su cuarto... ‒ la chica estaba preocupada, se frotaba los brazos con nerviosismo ‒no va a lastimarlo, ¿verdad?‒ la miro un momento, pensando, negó con la cabeza. Elli comenzó a rezar.
‒Jade, soy yo amor, voy a entrar‒ inserto la llave en el ojo de la manija para poder entrar.
El pequeño cuarto estaba oscuro, las cortinas estaban cerradas y solo se veía un pequeño bulto escondido en una esquina, con la mano atenazada a un cuchillo de cocina.
Cuando lo vio entrar se removió en su espacio, apretando su mano con fuerza.
‒No... vete, no quiero verte‒ soltó un quejido lastimero ‒él va a venir y me va a pegar‒ el llanto se escuchó después.
Luka intento aproximarse para tranquilizarlo pero lo que paso a continuación fue el niño corriendo contra él para clavar el cuchillo en su pecho.
Rápidamente el hombre tomo su muñeca y con una mano apoyada en su muñeca y la otra en su garganta, lo empujo contra la pared, basto golpear su mano otra vez para que soltara el cuchillo, cosa que logro con éxito; algunas cosas cayeron al piso como adornos, hojas, material para dibujar.
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Llorar y seguir llorando.
Teen FictionJade era hijo de un empresario, un buen hombre que siempre trataba de darle lo mejor a su familia. Pero la deuda lo alcanzo. Opto por vender a su hijo, su tesoro, con tal de salvar su cuello. Luka tenía un plan, había salvado a Jade, sabía que el c...
