Temprano por la mañana todos despertaron. Las cajas llenas de cosas y los cuartos limpios, ordenados, estaban listos para ser habitados por otras personas.
Dos días antes todos habían parado las actividades, excepto las alimentarias y la cocina. Además de algunas compras para la noche especial. Todos habían decidido la temática de un resort, como si todos hubieran ido de vacaciones. Era ideal. Era una hermosa isla, el sonido de las olas te acompañaban todo el día en tus actividades, la mezcla perfecta entre día calurosos y viento fresco, las telas en ocasiones vaporosas que se usaban para el calor.
Todos ya tenían los lugares asignados a donde ir, que transporte los llevaría y a que instancia reportarse. Excepto Evolet, Francis y Jade.
Jade tenía la ropa lista que usaría esa noche, una bonita falda roja larga con holanes en las orillas y una blusa corta a juego; quería verse hermoso y presumir a su bebé una última noche.
La mochila nuevamente estaba armada con su ropa acomodada para irse mañana. Todo listo.
Se encontró con Francis en las escaleras, quien tomo de los hombros al chico.
– ¿Listo para un último desayuno? – Jade asintió. Era irreal que tuvieran que dejar ese paraíso y que tendría que alejarse por tiempo indefinido de sus personas de confianza.
Eran los últimos en llegar y nadie había tocado su comida. El ambiente era de amistad, alegría. Como una nochebuena adelantada.
Al ser su último desayuno, iban a comer arroz frito con pescado hervido en una salsa dulce de coco.
En la noche comerían unos cortes de carne, los comenzaron a comprar desde que supieron cuando sería su último día ahí; y cervezas. Jugo de manzana para Jade.
Cuando todos estuvieron sentados. Evolet se levantó para dar un pequeño discurso.
–Les agradezco a todos por su confianza. Espero que sus asuntos se solucionen. A muchos de ustedes quizá no los vuelva a ver. Pero fue un honor para mí conocerlos– alzaron su vaso de agua y todos brindaron para unirse en bocados al desayuno.
Esa misma mañana un hombre muy cansado había arribado en la costa y había pagado dos noches en un sencillo cuarto. No traía nada más que lo puesto y una mochila casi vacía que lo único que tenía era un celular y dinero en efectivo.
Luka planeaba ir a hablar con Jade para convencerlo de volver con él. Estaba dispuesto a ir después de una corta siesta en esa cama dura y pequeña, pero estaba tan cansado que cualquier lugar valía para dormir un rato.
Ese día iban a tirar la casa por la ventana, algunos ni siquiera se volverían a ver después. Ya que los sistemas de protección clasificaban y dividían a las personas. Por fortuna Jade no formaba parte así que solo saldría de ahí, sin más.
Por la tarde todos se relajaron y jugaron con el agua. Llenaban cubetas y se las aventaban entre todos. Jade no participo, requería mucho esfuerzo correr y cargar por todos lados con el agua.
Prefirió sentarse lejos junto a Evolet, viendo juntos a Francis divertirse.
–Estás listo para mañana ¿verdad? ¿Cómo te sientes? –.
Jade dudo, no se sentía cómodo alejándose de sus personas de confianza, los que se habían vuelto su familia desde meses atrás.
–No es sencillo, sé que tienen cosas que hacer y que volverán por mí, pero... No sé, ¿qué pasa y doy a luz antes de que regresen? El bebé y yo estaremos solos–.
Empezaba a sentirse perdido, abandonado. Sabía que iba a estar en la casa del amigo de Francis con la condición de ser su sirviente, cocinar y limpiar.
–Ya hemos hablado de esto muchas veces, estoy listo... solo tengo miedo– ambos dejaron el tema, prefirieron hablar del hermoso día y que Francis correteaba a una muchacha que aún no se mojaba.
En cuanto a Luka... Despertó ya cuando la noche empezaba. Aturdido y desorientado busco frenéticamente su cartera y las cosas que le iba a entregar a Jade. No tenía ni idea de cómo llegaría a la isla, pero algo se le ocurriría.
Salió corriendo del hostal donde se hospedaba para bajar la calle.
No podía perder más tiempo, tenía una cita pendiente con su joya.
Busco por toda la costa alguien que pudiera llevarlo, todos se negaron excepto un pescador que casi no pesco nada durante el día. Luka lo soborno con dinero y el señor acepto llevarlo. No pregunto, no cuestionó, solo lo llevo contra corriente.
Al pasar vio luces proviniendo del único lugar donde sabía estaría Jade.
Por suerte no fueron vistos por la policía que hacía su rondín esa noche. Ambos hombres se quedaron estáticos y Luka sentía el peligro, al ser ya una persona normal podría ir a la cárcel por ese simple error.
Una vez que la policía se fue pudo pagarle al señor, aunque no le agrado tener que pagar de más por poner su vida en riesgo.
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Llorar y seguir llorando.
Novela JuvenilJade era hijo de un empresario, un buen hombre que siempre trataba de darle lo mejor a su familia. Pero la deuda lo alcanzo. Opto por vender a su hijo, su tesoro, con tal de salvar su cuello. Luka tenía un plan, había salvado a Jade, sabía que el c...
