24. VAMOS A CASARNOS... ¿VERDAD?

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Paso el tiempo y el día de la boda había llegado. Todo estaba planeado y acomodado. La ceremonia y la fiesta seria ahí mismo, en el jardín de la casa. Los invitados comenzarían a llegar después de que Jade se arreglara. Todo el personal de asistencia se encontraba junto con Elli y él en un cuarto aparte del novio.

Las asistentes le ayudaron a ponerse el vestido, acomodaron las mangas y alisaron la falda a los costados, prefirió ponerlo primero ya que así no tendría que cuidar el peinado al ponerlo. Era muy bonito, le recordaba al vestido de la bella durmiente, solo que este era de una tela muy suave y de un ligero tono rosado. El velo iría hasta el final.

Jade estaba nervioso, las dudas lo invadían... no quería casarse, no en ese momento. Estaba disfrutando de su jugo matutino cuando decidió, salir un momento. Intentaron persuadirlo de irse, con frases como "es normal que estés nervioso" "a todos les pasa" "no te vallas, nos estamos divirtiendo", pero nada lo aria cambiar de parecer. Se excusó con las damas y salió.

Decidió ir a la terraza abierta, a sentarse y tomar aire fresco. Era un lugar donde solo Luka y él tenían acceso, nadie más sabía de su paradero más que ellos dos. El tiempo fue pasando y sus dudas fueron creciendo, qué clase de vida le daría a su hijo al lado de un criminal, qué pasaría si un día intentaban matarlo también, después del choque, la muerte de su hermana... después de todo, su vida ya no era segura. Muchas dudas comenzaron a invadir su cabeza. Las mismas dudas que se le presentaron durante los meses en los que se enteró de embarazo. Solo que más fuertes.

Iba bajando las escaleras, necesitaba un poco de té para pensar. Se dio cuenta que había tardado demasiado, lo supo cuando piso el último escalón, cuando escucho esa frase.

Señor, las asistentes dicen que Jade no ha regresado al cuarto, que se agota el tiempo para terminar de prepararlo‒ sus planes cambiaron.

No se iba a casar, no, no lo iba a permitir. No de esa manera.

De un momento a otro, Luka supo que Jade estaba ahí e intuyo que algo iba a salir mal.

Jade...‒ no termino de escuchar lo que dijo y salió corriendo.

Se encerró en su jardín, no tardo en escuchar los golpes incesantes en la puerta, no tardarían en hacer una grieta en ella, corrió a la ventana donde había un mueble con estantes, ahí guardaba todos sus materiales de jardinería, macetas vacías y semillas. Tiempo después de que le dieran la llave, la oculto en las raíces de las fresas, tomo la palita y a paso rápido se dirigió a la fruta, comenzó a escarbar hasta encontrarla.

La única salida era por el lugar donde entro, no había otra forma de salir, hasta que vio los cristales de las ventanas. Tomo la maceta vacía y la lanzo contra el vidrio, con la pala quito los restos para no hacerse tanto daño. El marco era algo estrecho, pero consiguió pasar. Sin embargo, la tela del vestido se rasgó un poco.

Estando afuera vio la piscina y todo estaba vacío, hasta que uno de los guardias doblo la esquina y vino corriendo hacia él.

De inmediato corrió a la puerta, la que daba acceso al laberinto, ese era el plan desde el principio. No miraba hacia atrás, sabía que lo estaban persiguiendo, no necesitaba esa clase de presión, no ahora. Apenas podía sentir que sus pies tocaban la hierba.

Al llegar a ella, la llave se le resbalaba de los dedos y muy difícilmente consiguió que entrara en el ojo, cuando el candado hizo clic, supo que estaba a nada de ser libre, de mantener a su bebé a salvo. Cerró la puerta y le puso el candado nuevamente, eso los retrasaría al menos un poco.

Hizo todo lo que recordaba de Linda, cuando llego al corazón del laberinto, era hermoso, de no ser porque estaba huyendo, se quedaría a admirarlo. No sabía qué camino tomar, y le estaban pisando los talones. Podía escuchar no tan lejos las voces. Necesitaba actuar, eligió el camino del medio y lo dirigió a un camino sin salida. Al regresar los escucho más cerca, supuso que ya habían entrado en el laberinto; miro el piso pensando que era su fin, pero algo lo sorprendió, todos los caminos, parecían desgastados... menos uno. Era ese, era el camino correcto, estaba seguro, no se daría por vencido. Sin dudarlo se dirigió a él, no había otras direcciones, era un camino único, fácil.

Cuando salió de ahí... no estaba preparado. Nunca pensó que la casa estaba a los límites, entre un risco, un río y el campo abierto. El precipicio quedaba a una altura de cuatro metros y el río no se veía muy calmado. Dudo, pensó en rendirse, no quería poner en riesgo su vida y la de su hijo, pero de igual forma, si lo atrapaban, Luka no se tentaría el corazón solo por llevar a su bebé. El tiempo los alcanzo, y Luka, también.

Todos los guardias de su agrado estaban ahí, viéndolo, sus miradas, sabía que ellos no desobedecerían las ordenes de Luka, y nunca se los pediría.

Amor, por favor, aléjate de ahí, te puedes caer‒ a paso lento se fue acercando y con un ademan, les pidió a sus hombres que se quedaran en su sitio.

Jade... te juro que nadie va a lastimarte, ni siquiera yo... no te haré nada‒ esas palabras sonaban tan maravillosas, casi reales, pero después de pasar casi dos años a su lado, sabia distinguir cuando mentía.

Tomo su vientre entre sus manos, tomando valor, asegurándose que a su pequeño no le pasará nada ‒no, no voy a volver... nunca‒ cogió aire, y sin más salto al río. Ya no le importaba nada, solo la seguridad de su bebé y la suya. Y ese era el único camino que tenía. 

Llorar y seguir llorando.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora