Mientras conducía comenzó a hablar para distraer a Jade, ya que por sus movimientos corporales estaba nervioso y angustiado de que los atraparan y era lógico, Luka era un ser errático que no le importaba otra cosa salvo obtener lo que deseaba. Y su deseo en ese momento de recuperar a su joya –me llamo Francis, tengo 38 años, perdí una pierna en servicio por eso ahora estoy retirado, tengo una esposa viva y mi hijo... fallecido− en ese momento Jade recordó una de las fotos que vio, un niño y un hombre, solo que en ese momento se veía muy diferente –iba a usar el dinero para llegar a mi esposa, está lejos, pero ahora usaremos los viejos trucos−.
La mente de Jade estaba en todos lados. En Luka, la persecución de su cuerpo, el precio que tenía su cabeza. El escape. Y aun con todo eso encima esta alerta, pensando en que momento llegarían a Paradise.
Paradise, la calle más famosa donde se encontraban los bancos, cuentas de seguridad más importantes de la ciudad. Donde solo unas cuantas personas podían tener acceso a ellas. Y entre esas personas estaban Jade. Luka no sabía de la mochila de seguridad ni la cuenta a nombre de Jade. No es que el chico haya hecho todo solo. Hubo personas dispuestas a ayudar a Jade bajo el señor de hacer lo que sea para proteger a un bebé que aún no nacía. Y todos aceptaron a pesar de que Luka podía atraparlos e interrogarlos para obtener información sobre Jade.
Fran miraba todos los espejos en busca de persecutores, y al poco tiempo aparecieron. Camionetas comenzaron a abordar sus lados –esto es lo que vamos a hacer. Voy a perderlos... En cuanto te diga "baja" bajas. No importa donde sea. Yo volveré por ti, lo prometo− Jade solo asintió. Estaba listo para lo que sea con tal de poner a su bebé a salvo. El hombre a su lado manejaba entre calles tratando de perder a quienes lo seguían. Y en un momento único lo consiguió − ¡baja! – Jade abrió la puerta de golpe y comenzó a correr fuera de la vista de todos.
Se ocultó detrás de un árbol y vio la persecución. Acaricio su vientre un momento antes de continuar. Sabía que estaba a calles de Paradise, pero no le importaba caminar, o correr en este caso. Ellie conocía a alguien en un banco, un amigo. Jade tenia tarjeta negra para llegar a esa persona, solo tenía que mencionar una clave, era una entrega rápida. Entraba, mostraba la tarjeta y el hombre llegaría con su mochila, solo para desaparecer después.
Corrió calles enteras solo para doblar una esquina y encontrarse en Paradise, un mar de gente en traje y autos finos. Desentonaba ahí, con un suéter viejo y en jeans. Pero ahora eso era lo último que le preocupaba.
Le dio una punzada en la espalda baja, sujeto su vientre y lo acaricio suavemente. Se calmó un poco, lo suficiente como para transmitirle paz a su bebé, mientras no hubiera sangre en sus piernas o dolores más severos, todo iba a estar bien.
Camino de forma lenta hacia el interior del banco. Evitaba a toda costa ser visto por los policías que se encontraban dando vueltas. Estaba nervioso, no sabía si iba a funcionar.
Toco la mano de una joven secretaria que se encontraba atenta a su papeleo.
− ¿Hola, diga en que le puedo ayudar? − le sonrió por cortesía, ese era su trabajo, ser amable –Hola, eeh... busco a Theodor Mayls− deslizo la tarjeta por la mesa hasta ponerla al alcance, se sentó en la silla frente a la joven para no levantar más sospechas.
La chica examino la tarjeta y alzo las cejas en asombro antes de murmurar un –vuelvo en un momento− para luego irse.
La espera se le hacía eterna, no tenía tanto tiempo, aún tenía que buscar a Fran. Coloco sus manos sobre su cabeza, estaba asustado, movía la pierna con desesperación. Sentía un nudo en el estómago y su cabeza iba a mil por hora −Jade− alguien lo llamo, se tensó. Levanto la cabeza para ver quién era, Theodor y tras de él la secretaria. Tenía la mochila en la mano, Jade se levantó de la silla para tomar la mochila –buena suerte− le entrego la mochila y el chico pudo respirar tranquilo −gracias− murmuro antes de comenzar a caminar hacia la salida. Vio de reojo al policía que se encontraba en la entrada y noto que estaba hablando por su radio mientras lo veía.
No lo vio más después de cruzar la puerta. Volvió a correr, ni siquiera veía hacia atrás. Buscaba desesperado a Fran, era su anclaje en la realidad, estaba a punto de volverse loco. Ni siquiera sabía si iba a lograr escapar. Cruzar el cielo o el mar.
Sujetaba con fuerza las cintas que rodeaban sus hombros. Escucho a alguien chiflar a lo lejos, después una segunda vez. Era él, estaba seguro. Siguió el sonido hasta encontrarlo. Fran camino hacia él para quitarle la mochila y cargarla. Jade estaba confiado, en que ambos iban a irse.
Y Fran no podía con la idea de que el joven confiaba tan fácil. Al menos era él y no alguien que podría hacerle daño.
−Tenemos que buscar otro carro, el que tenía ya no es seguro− volvieron a caminar por las calles, atentos a cualquier sonido, cara o reacción de todos.
‒Debemos de tener cuidado, Luka tiene una gran influencia en esta ciudad, las cámaras, celulares, todo lo usara para encontrarte‒ le dio una gorra que Jade se colocó ahí mismo, en la puerta de la casa ‒tendremos que movernos rápido‒ afortunadamente el edificio no era muy grande, por lo que bajar las escaleras no sería un problema.
Tuvieron que caminar bastante hasta que ya no había altos edificios, sino pequeños y calles poco transitadas. Le dolían los pies, pero no iba a quejarse.
En un aparcamiento que rentaba carros, rentaron uno que daba la facha de común. Ambos mantenían cara gacha mientras Fran hablaba con el encargado evitando el contacto visual con la gente y con cualquier dispositivo móvil. Una vez que Fran dio el dinero y las lleves estuvieron en su mano salieron directo al vehículo.
− ¿Tienes un celular? – se refería a uno desechable, y si, tenía uno solo por si acaso. Lo saco de la mochila y se lo dio, luego entraron al carro.
Después de subir y arrancar, comenzó a hacer llamadas, se escuchaba agitado, en ocasiones le colgaban, hasta que alguien contesto hasta el final, luego colgó con un gracias –hay un barco de carga, sale en media hora... el muelle está al otro lado de la ciudad– Jade sabía lo que se venía encima, y estaba bien con eso, ajusto su cinturón. Estaba listo para irse.
Desesperado acelero la velocidad, era poco tiempo para todo lo que tenían que recorrer. Jade estaba en silencio, acariciando su vientre, tratando de calmarse. Faltaba poco para que el sol comenzara a bajar y el día se transformara en noche.
Extrañamente aun nadie los había chocado, y Jade sabia la razón, su bebé. Ese pequeño ser era igual de valioso para Luka y no se iba a arriesgar a perderlo en un choque. El pequeño servía como escudo, pero los problemas comenzaron cuando se atracaron en el tráfico, tenían que buscar calles aledañas o iban a encerrarlos –Fran, vamos, sácanos de aquí− el hombre solo asintió, hizo un giro en U y comenzó a buscar por donde salir. No estaba nervioso o asustado por él, si los atraparán a él lo torturarían hasta la muerte, pero quien sabe que le haría Luka a Jade. No iba a permitirlo, antes, cuando iba a entregarlo, no se reconocía, aquel hombre cuidadoso que ponía tierra de por medio para cuidar y proteger a las personas iba a cambiar la joven vida de ese chico por dinero.
Nuevamente tomaron curso fluido hacia el muelle, un momento de calma para ambos.
A lo lejos se escuchaba el agua golpeando las placas metálicas del barco.
−Es de carga, nos pondrán dentro de un contenedor, es lo mejor que pude conseguir− a Jade no le importaba que era, siempre y cuando pudiera salir de las manos de su prometido.
El carro giro hacia la derecha y cruzo una reja. El sol le pegaba directo en los ojos y parpadeo un poco solo para ver en donde se encontraba.
El muelle, ahí estaba.
Podía sentir la libertad en la boca.
-
I ALWAYS COME BACK.
ESTÁS LEYENDO
Llorar y seguir llorando.
Teen FictionJade era hijo de un empresario, un buen hombre que siempre trataba de darle lo mejor a su familia. Pero la deuda lo alcanzo. Opto por vender a su hijo, su tesoro, con tal de salvar su cuello. Luka tenía un plan, había salvado a Jade, sabía que el c...
