Capítulo 55: En medio del caos

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Dos días después por fin nos dan de alta y podemos volver a casa.

− ¿Quieres que te ayude en algo? –pregunta mi madre y yo le entrego las cosas de Elie.

−Creo que deberías darle a la bebé también –dice Damien riendo.

−Se la daré cuando vayamos a subir al auto, me llevarás en silla de ruedas hasta el auto, ¿no?

Él asiente y me sonríe.

Nuestra hija duerme tranquilamente, aún no ha querido abrir sus ojitos. Se la pasa dormida y en mi familia han empezado a apostar el color.

Mi papá es el único que dice que serán verdes como los de él, Damien, mi suegro y el tío Damián dicen que grises, mamá dice que marrones como los míos. Yo no quise unirme a la apuesta porque no me importa mucho.

Sé que serán hermosos.

− ¿Listo? –pregunta Damien y yo asiento.

Me ayuda a sentarme en la silla de ruedas y salimos.

Mamá y Damien son los únicos que han venido para regresar a casa. Todos los demás ya están allá.

Salimos del hospital y como dije, le entrego a mi mamá a la bebé para que Damien me ayude a acomodarme en el auto.

− ¿Hoy quisiste manejar? –pregunto al ver el auto de Damien estacionado en lugar de la limosina.

−Sí, quiero ser un papá completo y llevarlos yo mismo –dice avergonzado.

−Eres tan lindo –le sonrío y le doy la mano para que me ayude a subir al auto –Eso duele, siento como si tirarán mi piel.

−Lo siento, bebé. Intento ayudar lo mayor que puedo –dice haciéndome ojitos de pena.

−No te preocupes, el médico dijo que sería un dolor como incomodidad o molestia. Realmente no duele mucho.

− ¿Seguro?

−Completamente.

Él sonríe y voltea atrás con mi mamá que ha acomodado a Elie en su portabebé y ha puesto los cinturones.

−Todo listo –dice Damien enciendo el auto y conduciendo por la ciudad.

El aire que entra por la ventana me hace suspirar, después de estar dos días encerrado se siente liberador.

−Axel llamó, me pidió que te dijera que cuando llegarás a casa y te sintieras cómodo, le llamaras.

−De acuerdo, no he estado al pendiente de los mensajes o llamadas.

−Nicholas me habló, me dijo que sentía mucho no poder estar contigo. Pero al parecer el médico le recomendó reposo absoluto.

Asiento.

−Lo llamaré también, me siento mal por él. Debe sentirse feo no poder salir de cama.

−Es por su seguridad y la del bebé, cariño –dice mi mamá.

−Lo sé, mamá –digo suspirando –Tengo ganas de verlo.

−Podemos ir a visitarlo cuando a él le toque dar a luz.

−Me encantaría estar ahí –le sonrío a Damien y el asiente –Gracias.

−No te preocupes, te acompañaré.

Después de esa plática, ninguno dice nada hasta que llegamos a casa.


−Por fin, hogar dulce hogar –digo bajándome del auto con ayuda de Damien y caminando despacio.

Jamás te olvide.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora