Dos días después por fin nos dan de alta y podemos volver a casa.
− ¿Quieres que te ayude en algo? –pregunta mi madre y yo le entrego las cosas de Elie.
−Creo que deberías darle a la bebé también –dice Damien riendo.
−Se la daré cuando vayamos a subir al auto, me llevarás en silla de ruedas hasta el auto, ¿no?
Él asiente y me sonríe.
Nuestra hija duerme tranquilamente, aún no ha querido abrir sus ojitos. Se la pasa dormida y en mi familia han empezado a apostar el color.
Mi papá es el único que dice que serán verdes como los de él, Damien, mi suegro y el tío Damián dicen que grises, mamá dice que marrones como los míos. Yo no quise unirme a la apuesta porque no me importa mucho.
Sé que serán hermosos.
− ¿Listo? –pregunta Damien y yo asiento.
Me ayuda a sentarme en la silla de ruedas y salimos.
Mamá y Damien son los únicos que han venido para regresar a casa. Todos los demás ya están allá.
Salimos del hospital y como dije, le entrego a mi mamá a la bebé para que Damien me ayude a acomodarme en el auto.
− ¿Hoy quisiste manejar? –pregunto al ver el auto de Damien estacionado en lugar de la limosina.
−Sí, quiero ser un papá completo y llevarlos yo mismo –dice avergonzado.
−Eres tan lindo –le sonrío y le doy la mano para que me ayude a subir al auto –Eso duele, siento como si tirarán mi piel.
−Lo siento, bebé. Intento ayudar lo mayor que puedo –dice haciéndome ojitos de pena.
−No te preocupes, el médico dijo que sería un dolor como incomodidad o molestia. Realmente no duele mucho.
− ¿Seguro?
−Completamente.
Él sonríe y voltea atrás con mi mamá que ha acomodado a Elie en su portabebé y ha puesto los cinturones.
−Todo listo –dice Damien enciendo el auto y conduciendo por la ciudad.
El aire que entra por la ventana me hace suspirar, después de estar dos días encerrado se siente liberador.
−Axel llamó, me pidió que te dijera que cuando llegarás a casa y te sintieras cómodo, le llamaras.
−De acuerdo, no he estado al pendiente de los mensajes o llamadas.
−Nicholas me habló, me dijo que sentía mucho no poder estar contigo. Pero al parecer el médico le recomendó reposo absoluto.
Asiento.
−Lo llamaré también, me siento mal por él. Debe sentirse feo no poder salir de cama.
−Es por su seguridad y la del bebé, cariño –dice mi mamá.
−Lo sé, mamá –digo suspirando –Tengo ganas de verlo.
−Podemos ir a visitarlo cuando a él le toque dar a luz.
−Me encantaría estar ahí –le sonrío a Damien y el asiente –Gracias.
−No te preocupes, te acompañaré.
Después de esa plática, ninguno dice nada hasta que llegamos a casa.
−Por fin, hogar dulce hogar –digo bajándome del auto con ayuda de Damien y caminando despacio.
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Jamás te olvide.
RomantiekDamien es un alfa francés que a los nueve años no logra entender porque tiene que ser perfecto ante la sociedad y su familia. Hasta que un día tras ir a una fiesta social de Alfas y Omegas de las familias más conocidas de Francia, conoce a un pequeñ...
