Polos magnéticos
Los polos iguales se repelen y los polos distintos se atraen. No existen polos aislados y, por lo tanto, si un imán se rompe en dos partes, se forman dos nuevos imanes, cada uno con su polo norte y su polo sur, aunque la fuerza...
Nota de autor: Bueno tardé un poquito en actualizar, espero les guste el capitulo, quizás vea de subir otro pronto. Si les gustó no olviden votar y comentar. Les dejo esta canción que me ayudo a escribir.
Noah
Amanda llevaba ya unos días sin asistir a clases, me llamaba mucho la atención, pero no quería ser molesto, ya le había escrito y ella había dicho que estaba bien.
Pensé preguntarle a Pía, pero no sabía que tanto conocía de nuestra relación y como tomaría mi intrusión.
Al final de la semana, no lo soporté más, fui hasta su casa.
Cuando toqué el timbre me temblaban las manos, mi mundo había cambiado profundamente desde la mudanza, estaba cometiendo muchos errores, era impulsivo, perdía el control, ésta chica puso mi vida de cabeza. Y lo peor, es que la sensación de vértigo que eso me provocaba era agradable.
La puerta se abrió y su madre se asomó, al reconocerme sonrió.
—Buenas tardes Noah, que sorpresa y que gusto verte. ¿Amanda sabía que vendrías?—dijo mientras me observaba atentamente.
No sabía bien que contestar, ella no sabía de mi presencia, no sé si iba a querer verme, pero necesitaba tener la certeza de que estaba bien.
—En realidad no, yo solo pasaba para saludarla y saber si se encuentra bien. —ella volvió a sonreírme. Entonces la llamó.
Al cabo de unos minutos ella apareció en la puerta, vestía un gracioso pijama, llevaba el pelo sujeto en un moño y venía refregándose los ojos, como si recién se hubiese levantado.
Cuando alzó la vista y me vio su expresión confusa y sorprendida me hizo reír.
— ¿Tu qué haces aquí? —Preguntó observándome como si acabara de ver a un demonio salir de la tierra, eso solo me hizo reír aun mas, ella frunció el ceño — ¿De qué rayos te ríes? —esta vez se la oía molesta.
—No lo sé, tal vez de tu cara, de tus gestos, o de tu adorable y gracioso pijama. —dije señalándola, ella no había notado hasta ese momento que estaba así vestida, puso una cara horrorizada. —Calma, esta bellísima igual que siempre Amy. —entonces se sonrojó.
—Deja de decir bobadas y distraerme, suelta la lengua, ¿A qué has venido Noah? —soltó fingiendo molestia.
—Sólo pasaba para saber de ti, si te encontrabas bien, no has ido en toda la semana a clases, me preocupé. —finalmente sonrió.
—Estoy bien, perdona mis modos, no han sido mis mejores días, no he estado yendo, tengo licencia por duelo, ha muerto mi padre. —Quedé helado, no esperaba algo así, mucho menos de la forma que lo mencionó.
—Oh, lo lamento mucho, no debí aparecerme así, que inoportuno de mi parte —iba a seguir hablando cuando ella me cortó, puso su mano en mis labios para callarme, ese mínimo contacto me hizo temblar.
—No sigas por allí, no lo lamentes, pues yo no lo hago, jamás lo conocí, ni su apellido tengo, me enteré por una hermana nueva que me apareció. —Más que hablar escupió las palabras, nuevamente estaba mudo, era demasiada información que procesar.
No sé bien por qué, pero me acerqué a ella y la abracé, aún seguíamos en la puerta de su casa. Creí que iba a apartarme de golpe, que sería grosera y se enojaría, pero por el contrario, no sólo lo aceptó, sino que me envolvió fuertemente en sus brazos.
De esa manera tan cerca, podía oler su shampoo, la fragancia de su perfume, su piel, era una sensación embriagadora. Ella recostó su cabeza en mi hombro y soltó un suspiro. Sin apartarse me susurró:
—Gracias, realmente lo necesitaba. También agradezco que no me bombardees a preguntas sobre el asunto.
—Tranquila, sabes que puedes contar conmigo, no era mi intensión invadirte al aparecerme, pero realmente necesitaba saber que te encontrabas bien, cuando te vi aparecer en pijama supe que algo no cuadraba; ¿quieres que me quede un rato o prefieres que me vaya? —le susurre imitándola.
Me soltó, se alejó un poco, me miró a los ojos y luego pronunció:
— ¿Realmente puedes quedarte?, pero, ¿sin preguntas ni nada relacionado con lo que te conté?— le di un asentimiento con la cabeza, entonces me hizo un gesto para que pasara.
Ni bien entré, cerró la puerta detrás de nosotros, le dijo a la madre que yo me iba a quedar un rato, me tomó de la mano y me llevo con ella a su habitación. Mi corazón palpitaba a un ritmo muy acelerado.
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Amanda
Había tenido la peor de las semanas, desde que aquella chica apareció en mi puerta diciendo que era mi hermana, que mi padre ausente estaba muerto, todo se había ido en picada. Nuevamente no dormía en las noches, ahora las pesadillas no sólo me traían los recuerdos nefastos de mi infancia, sino a un padre muerto que me perseguía, la mitad de las madrugadas despertaba llorando y gritando. Mi madre corría a mi habitación y se quedaba conmigo hasta que lograba calmarme, el segundo día llamo a la escuela y avisó que no iría, les contó de mi progenitor fallecido y que iba a estar de duelo. Desde ahí, el resto de los días los había pasado encerrada en mi cuarto escribiendo, dibujando y escuchando música, ni siquiera bajaba a comer, mi madre me traía la comida y se sentaba a mi lado hasta que comiera.
Luego de lo vivido en mi infancia, comencé tratamiento con psicóloga y psiquiatra, hasta la actualidad, venía mejorando, pero cosas como estas, eran detonantes.
Cuando llegó el viernes y mi madre me llamó, jamás creí que al llegar a la puerta me lo iba a encontrar allí a él. Al principio simplemente no entendía porque había venido, mucho menos porque se empezó a reír al verme, claro, luego me lo dejó muy en claro, mi facha de pordiosera. ¡Qué vergüenza!
Se había tomado la molestia de ir hasta mi casa solo para saber de mí, era realmente dulce, le solté todo el rollo de lo que me sucedía, así sin más, el pobre había quedado mudo, no era muy común en él. Fue una sorpresa su visita, aunque fue aún más sorpresivo su abrazo, pero reconfortante, realmente lo necesitaba.
Cuando me preguntó si quería que se quedara, no lo pensé demasiado, su presencia me hacia bien. Por lo que le dije que sí.
Las siguientes tres o cuatro horas pasamos escuchando música, yo me reía de sus gustos, él aunque no compartía los míos los aceptaba y soportaba. Hablamos de cosas banales, de la vida, de la muerte, de las clases, estábamos sentados en mi cama, conversando, riendo, cuando comencé a sentirme cansada, sin notarlo me recosté en sus piernas, el sentado, yo con la cabeza apoyada en sus rodillas, tenía una vista directa a su rostro, sus bellos ojos y sus carnosos e irresistibles labios.
Él me observaba con su típica sonrisa tierna, movió su mano a mi pelo, al inicio me tensé, hasta que entendí que intentaba hacer, lo soltó, se puso la gomita en su muñeca y comenzó a acariciarme el cabello en círculos, era un momento mágico, había tenido momentos "íntimos" con chicos, incluso sexo, pero jamás los había llevado a mi casa, a mi habitación, ni los dejaba acercarse de esta forma, estaba a otro nivel.
Sabía que aunque no lo admitiera en voz alta, Noah me causaba cosas que ningún otro había logrado.