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Luego que Adal se marchara subí a mi habitación revisando si Serge seguía dormido.

Lavo mis dientes y me coloco mi piyama, un short cómodo y una blusa sencilla con estampados de los ositos escandalosos.

¿Una asesina a sangre fría usando piyama de ositos?

¿Qué tiene? Son bonitos.

Que contradictorio.

Oh cállate. Mi favorito es Polar.

Si el mío también.

¿Ves? Todos aman a Polar.

Confirmo.

Que día tan agotador.

En menos de lo que me doy cuenta me quedo profundamente dormida.

*! *!*!*!*! (...) !*!*!*!*!*!

Siento mis ojos pesados al despertar, quiero seguir durmiendo, pero algo me pone alerta.

No estoy acostada en mi cama, pues no siento el suave colchón en mi espalda, sino algo áspero, parece ser césped.

El olor a tierra se cuela en mi nariz.

Abro los ojos encontrándome rodeada de árboles siendo consumidos en llamas de fuego.

¿Qué hago aquí?

No te asustes.

No estoy asustada, estoy confundida.

¿Estará Serge aquí conmigo?

No te preocupes por él.

¿Me dirás que pasa?

No puedo.

Me levanto lentamente notando que todo es muy grande desde mi punto de vista, me hace sentir diminuta e indefensa.

Siento miedo. Pero ¿Miedo de qué?

De los monstruos.

¿Qué monstruos? Ni siquiera sé por qué sé eso. Parece que necesito encontrar a alguien, pero no sé a quién.

A mamá.

¿Cómo sé eso? ¿Y por qué me respondo a mí misma sin darme cuenta?

Un dolor de cabeza algo intenso en la cabeza me hace llevarme las manos al área afectada.

No puede ser.

Mis manos son considerablemente más pequeñas, aunque sé que son mías.

Sin darme cuenta comienzo a avanzar.

Estoy consciente que este no es mi cuerpo, empero siento familiaridad con él.

Asimismo, no lo puedo controlar completamente, es como si supiera muy bien por donde pisar o seguir.

¿Dónde está Ca-

No termino de saber quién es al que menciona pues se escuchan ruidos raros que me distraen, instintivamente me dirijo hacia ellos.

Me encuentro con unas personas extrañas, bueno, si se pueden llamar personas.

Son demasiado altas, rondando por los 2 y 3 metros, tienen los ojos totalmente rojos oscuros, no tienen rostro en sí, parece más una neblina gris espesa. Su cuerpo es tan delgado como una rama de un árbol, sus brazos y piernas son notoriamente más largos que su torso.

Mis manos tiemblan y siento un escalofrío por todo el cuerpo cuando ponen sus miradas en mí, a pesar de ello siento que ya los había visto.

¿Serán esos los monstruos que me respondí a mí misma hace un rato?

ARCOIRIS SANGRIENTODonde viven las historias. Descúbrelo ahora