Dan Larsson nació el siete de octubre del 2002 a las 3:05 de la madrugada en un pueblo de Suecia llamado Örebro. Sus padres, Edgar y Miranda, estaban muy contentos con el nacimiento de la pequeña de ojos azules como el océano, cabello negro como el carbón y piel morena, que hacía que a cualquiera le tomara tiempo apartar la mirada de ella.
Edgar admiraba a la pequeña que tenía entre sus brazos con una dulzura digna de la situación. Miranda los miraba desde la camilla tratando de no cerrar los ojos por el cansancio.
Estaban muy felices, era lo que ambos habían anhelado desde que se casaron.
Sin duda era un momento que ambos deseaban tener eternamente y qué mejor que una foto. Con unas sonrisas enormes pidieron a una enfermera enternecida con la escena les tomara una fotografía, contagiándola de su felicidad tomó la cámara y esperó a que se acomodaran.
Miranda asir a su pequeña hija acomodándola en sus brazos al mismo tiempo que Edgar se sentaba a su lado en la camilla y la rodeaba con su brazo, no hace falta mencionar que colocaron sonrisas aún más grandes si era eso posible.
La enfermera tomó la foto y entregó la cámara para que la vieran. Edgar recibió la cámara y la acercó para que ambos observaran.
Prácticamente se les detuvo el corazón al ver la dichosa foto, ellos salían genuinamente, pero ellos no eran el problema sino la pequeña Dan. Pues en la foto se veía a la bebé perfectamente si no fuera porque en su cuello aparecía un pequeño destello de luz que la cámara capturó. Pero ¿Cómo era posible eso? Apenas se podía ver, pero extrañamente era llamativa al mismo tiempo.
Parecía ser una marca de nacimiento cuando enfocaron la vista en el cuello de la pequeña, palidecieron casi al mismo tiempo cuando cayeron en cuenta que no era una marca común. Tenía una forma tan clara que hasta parecía un tatuaje.
Empezaba con una curva hacia arriba que se extendía un poco hasta formar otra curva hacia abajo, parecida a la letra ese inclinada hacia la derecha. Era interesante lo que había en cada curva, pues en la parte superior se hallaba un sol y, al contrario, en la curva inferior se veía perfectamente una luna creciente.
La recién nacida tenía una marca de nacimiento de sol y luna, una que los doctores no podían siquiera imaginar una explicación.
Edgar y Miranda no sabían muy bien qué pensar sobre eso. Pero decidieron por el bien de ellos y de su pequeña que lo olvidarían y mantendrían en secreto.
Dan era una bebé muy alegre, Edgar y Miranda estaban muy orgullosos de la hermosura de su bebé. Tomaban fotografías cada segundo del día, evitando que apareciera su cuello por el extraño destello de luz que siempre aparecía.
Una madrugada Miranda se levantó al escuchar el llanto de su hija, ya era costumbre que despertara alrededor de las cuatro de la mañana y llorara porque tenía hambre. La madre lucía unas grandes ojeras por no dormir bien en meses, se acercó a su cuna, pero se llevó tremendo susto cuando vio a su hija.
Sus hermosos ojos azules como el océano ya no estaban, sino en cambio tenían un color violeta brillante. Estaba segura de que su corazón se le saldría del pecho en cualquier momento pensando que habían robado a su hija y habían dejado a otra pequeña. Pero no, era Dan.
¿Cómo podría ser que, de un día para el otro, tuviera tan sorprendente cambio?
Mirándola mejor también noto que su piel era mucho más clara, casi como la leche. Al instante llamó a su esposo y horrorizados tomaron a la bebé y fueron directo al hospital.
Los doctores igual de sorprendidos que los padres, no sabían cómo manejar la situación. Llamaron a algunos contactos, entre estos el Dr. Nilsson.
Revisó a la pequeña por algunas horas, llenándose de hipótesis fallidas de su condición y exámenes con el mismo resultado. Hasta que creyó encontrar la respuesta.
No estaba seguro de decirles a los padres lo que creía que la bebé tenía, los cambios que presentaba Dan indicaban que estaba en lo correcto, pero había un pequeño problema.
Lo que le pasaba a la niña era una simple leyenda muy famosa que había pasado en el antiguo Egipto, la cual había escuchado mucho en sus viajes por África.
Lo más seguro era que lo tomaran por loco, pero era muy difícil dar otro diagnostico científico. Se giro a los padres nervioso y acomodándose sus gafas tomó valor para enfrentarlos.
– No sé cómo decir lo que pienso que tiene su hija sin que me tomen por un vesánico. – Miranda no pudo contener sus lágrimas, presentía que lo que le diría el Dr. Nilsson no iba a agradarle nada, temía por su hija.
– Solo díganos doctor. – Edgar trataba de consolarla, sentía lo mismo que su esposa, pero tenía que ser fuerte por ambos. El doctor Nilsson respiró hondo.
– Su hija tiene con 6 meses de vida una enfermedad llamada Alejandría, es posible que sea a causa de su genética de hasta más de cinco siglos. – Consideró mejor no decir que era una leyenda. – Se registran los primeros casos en África hace más de 6 siglos.
– ¿Habrá algún cambio en nuestra hija? – no podían creer lo que el doctor les decía.
– Así es señora – asintió acomodando sus lentes –, hay cinco. Sus ojos no van a cambiar y se pondrán un poco más oscuros cuando entre a la pubertad; no se quemará del sol y su piel siempre va a estar muy blanca; su cabello se tornará castaño conforme pasen los meses; no podrá tener su ciclo menstrual, pero si podrá tener hijos; y, por último, este síntoma es muy extraño, pero estará envejeciendo a sus cincuenta años, será una persona mayor a sus cien años, por lo tanto, podrá llegar a vivir hasta ciento cincuenta años.
Edgar y Miranda quedaron en shock, no sabían qué hacer ¿Ciento cincuenta años? ¿Cómo era eso posible?
El Dr. Nilsson consideró que tenía que aclarar lo último, pues esa última era completamente una locura, por lo que les dijo que era un poco exagerado y que podría variar según la persona.
Miranda sintió que eso traería muchos problemas.
Y sí que los traería...
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ARCOIRIS SANGRIENTO
FantasíaDan Larsson y sus padres se mudan a Anson, un pequeño pueblo de Texas, Estados Unidos. Su llegada desata muchos escenarios misteriosos que pondrán su vida más complicada. Tiene un secreto, pues pertenece a un grupo de asesinos que se hacen llamar Ar...
