4.- Reencarnación

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Quan Yizhen está colgando de cabeza en una rama. ¿Por qué? No hay porqué, él simplemente es así: la mayoría de las cosas que hace no tienen explicación. Nadie lo conoce realmente y nadie lo soporta, son realmente pocas las personas que quieren estar a su lado, pero a él no le importaba demasiado.

Todos en la escuela lo consideraban alguien problemático, algo que se había ganado a pulso por meterse en peleas con todo el mundo. Había iniciado peleando con el mariscal de campo, Pei Ming, ese pavo engreído que se creía mejor que todos y que coqueteaba con todo el equipo de porristas. y después discutió con su amigo Shi Wu Du. El resto del equipo de fútbol americano quiso meterse con él y no les fue mejor que al mariscal Pei; el recuerdo de aquella pelea le saca una sonrisa a Quan Yizhen, esos idiotas quisieron ridiculizarlo y les salió el tiro por la culata. Fue suspendido por dos semanas, y de no ser por Xiè Lian y Shi Qing Xuan seguro habría reprobado el examen que tuvo que hacer apenas llegó.

Entonces llegó Lang Qian Qiu con la idea de fundar un club de defensa personal y Quan Yizhen estaba encantado. ¡Podría luchar con otros sin ser suspendido por ello! Su primera pelea dentro del club fue, de hecho, con el fundador; y lo había vencido. Lejos de molestarse, Lang Qian Qiu le felicitó y se volvió su tercer amigo, un amigo con el que podría luchar tranquilamente sin que éste le dijera que no, era increíble. Sin embargo, había veces en que el muchacho se sentía solo, como si algo le faltara.

Y entonces, comenzaron los sueños.

Tenía diez años en el primero. Era un niño luchando contra otros hasta que un chico de cabello negro se acercó y lo acogió. Lo trataba bien, a diferencia del resto, y se juró que estaría a su lado todo el tiempo. En el segundo ambos se encontraban en un sitio luminoso y esplendoroso, donde nadie se le hacía conocido más que ese chico y otro más que siempre lo molestaba. Luego vio a otros, con ropas extrañas y peinados elaborados; se dio cuenta que él mismo llevaba ropas extrañas, antiguas.

En el tercer sueño se vio a sí mismo llorando junto a un cuerpo.

— ¡Shixiong!— sollozaba—. Quise ayudar, ¡pero solo sé golpear! ¡Dime qué hago!

— Agh, déjame en paz— dijo el chico antes de morir. El mismo chico que era la constante de sus sueños.

El dolor que sintió Quan Yizhen le perforó el alma a pesar de ser un sueño.

Al día siguiente fue a la escuela con un aura de tristeza que se evaporó al ver a un nuevo chico. Su nuevo compañero de clase, Yin Yu, era igual al chico de sus sueños. Y, como hizo el chico de sus sueños, él se acercó con gentileza a pesar de lo que Pei Ming y Shi Wu Du le habían dicho.

Bueno, a pesar de lo que toda la escuela había dicho.

— Yizhen, ¿qué haces ahí colgado?

Quan Yizhen bajó de un salto al escuchar a Yin Yu con una sonrisa.

— Nada, shixiong. Seguía el consejo de Xiè Lian.

— ¿Qué clase de consejo es ese?

— No sé, algo sobre que te sube la sangre a la cabeza.

Yin Yu ríe. Es el sonido más hermoso que Quan Yizhen ha escuchado en su vida y piensa hacer de todo para no perderlo. De alguna manera sentía temor de perderlo, como había ocurrido en su sueño, pero no dejaría que sucediera. Esa noche tuvo un cuarto sueño, uno que le esclareció todo: todo lo que había pasado pertenecía a una vida pasada, y se le había permitido reencarnar como una segunda oportunidad para remediar su relación con su persona importante.

Sería una oportunidad que iba a aprovechar.

Cultivatober 2020Donde viven las historias. Descúbrelo ahora