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—No entiendo cómo pudiste olvidar la cita con el médico Dani, ya es tarde, son casi las 6 de la tarde, no creo que nos puedan atender.
Ignoré sus quejas como había hecho toda esa semana, solía molestarse por todo y esa era la razón de mi mala memoria.
— ¡Hola Yerin! —saludó ella a la enfermera que atendía en el consultorio del doctor Mark Tuan.
—Hola señorita JiHyo, ¿cómo están ustedes hoy?
—Yo estoy perfecta, gracias por preguntar. ¿Falta mucho? Tengo algo de dolor en las costillas.
— ¿En serio? Déjame ver y ayudarte; el Dr. Tuan los atenderá dentro de poco.
La rubia se acercó muy sonriente a Ji y la guió a la habitación en donde estaba la camilla, le indicó que se recostara y le pidió que le señalara en donde era el dolor.
—Oh, ya veo, el dolor es en el decúbito lateral... algo común en los embarazos avanzados, solo es una mala posición, y sientes la presión del bebé; se puede resolver mediante intervenciones manuales —explicó amablemente la enfermera, pero no entendí.
— ¿Y eso en español sería? —preguntamos los dos.
—Verán, solo tiene que...
Ella iba a continuar pero fue interrumpida por el leve sonido de una melodía que provenía de su celular.
—Discúlpenme un momento, debo atender —se excusó unos momentos y salió de la habitación.
Al regresar se veía que su muy buen humor había desaparecido.
Ella me miró con cierto pesar en su mirada. Y contestó: —Lo siento, es solo un problema personal. Como sea, sólo debemos sobarte para posicionar al bebé de forma que tú estés cómoda y no se pueda lastimar con tus costillas.
Se estaba mordiendo la lengua, se notaba que necesitaba desahogarse.
—Tuan es mi ginecólogo obstetra y pediatra de cabecera... no creas que te vas a librar de mi familia tan fácil; así que puedes confiar en mí linda, desahógate.
Wow, JiHyo.
—Es... mi novio y yo discutimos esta mañana, y no acabamos en buenos términos, es todo. Voltéate y míralo a él, esto te va doler un poco.
—Pero si... ¡santa madre del cordero satánico! Jung Yerin, ¿acaso quieres sacarme al vástago antes de tiempo?
La pelirroja soltó un quejido tan agudo que casi me deja sordo, yo me reí un poco de su expresión, pero luego le apreté la mano intentando mostrarle mi apoyo.
—No te rías, esto es tu culpa, hombre matadoramente guapo.
Me cohibió ella.
Miramos a la enfermera que sonreía conmovida.
—Listo, ¿te sientes mejor JiHyo?
—Demonios, sí. Gracias.
La ayudé a levantarse cuando justo a tiempo llegó el doctor, lo saludamos como de costumbre y comenzamos la consulta.
—Gracias por esperarme, Yerin, ellos son la última pareja de hoy, puedes cerrar y acompañarnos mientras los atiendo.
La rubia nos sonrió nuevamente y salió de la habitación.
—Todo se ve muy bien, este bebé se ve muy bonito y sano, ¿aún no quieren saber el sexo?
—Aun no, gracias.
—Genial, creo que ya terminamos por hoy, sólo una última cosa. ¿Estás comiendo bien?
—Sí doc, estoy tomando mis vitaminas... y hace poco fuimos a esa traumática clase de ayuda paternal que nos recomendó.
Salimos del consultorio y para mi no tan grata sorpresa, ahí estaba Jackson esperando a JiHyo, mi JiHyo.
— ¿Qué hace él aquí?
— ¿Celoso? —la muy arpía me sonrió.
El auto del doctor estaba al lado del de Jackson, así que nos acercamos.
—Vengo en paz Kang, JiHyo me llamó, quiere ir a comer sushi.
— ¿Vienes con nosotros Dr.? —lo invitó la pelirroja.
Al parecer Jackson no se había percatado de la presencia de Tuan, porque cuando lo vio fue como si hubiera visto a un fantasma.
— ¡Tú!
Los dos hombres se miraban incrédulos, ¿Qué está pasando aquí?
Al parecer pensé en voz alta.
Entonces Jackson se dignó a contestar.
—Mark y yo solíamos salir en la universidad.
JiHyo maldijo por lo bajo al escuchar su respuesta. La había atrapado.
El mejor amigo de la madre de mis hijos, del cual yo estaba celoso, y al que no le tenía ni la más mínima estima... era gay. Y había salido con el obstetra.
Park JiHyo, eres una arpía mentirosa, sólo querías ponerme celoso.