Y me destruyó de la manera más maravillosa y aterradora de todas, porque beso mi alma, llevándose las alegrías, las motivaciones y esperanzas. Porque desnudo mí interior, convirtiéndose en una necesidad...tan fácil me arrancó el corazón. Destruyó mí...
—Toma Scar, aquí está tu pago—Eddy me pasó un sobre amarillo, junto con una sonrisa que se me antojaba paternal.
—Gracias—recibí el pago y lo guardé en la bolsa de mí abrigo.
Él tomó otro sobre y, me lo extendió.
—Y este es un bono.
—¿Bono?—pregunté ante la confusión de no te recordar haber hecho algo para obtenerlo.
—Sí, es exclusivamente para tí. Sé que todo tu dinero se lo das a tu madre, para los gastos del hogar, o el tratamiento de tu hermano. Yo quiero ayudarte un poco, eres una gran chica. Lo mereces.
—No...Eddy, esto no me lo gané yo...—dije negando con la cabeza.
—Sí, claro que te lo ganaste—Volvió a sonreír, no resistí más y le dí un abrazo—. Ay Scarlett, si mi esposa y yo hubiéramos podido tener una hija, me gustaría que hubiera sido como tú.
—Gracias Eddy.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
La notificación brillando en mí celular, que anunciaba la tormenta de nieve que habría, llamó mí atención, pero no me preocupé demasiado, ya que a esa hora, yo estaría en casa.
—¿Qué opinas?—preguntó Marcus a mí lado—Tú, yo, una pizza y un maratón.
Pasé mis brazos por sus hombros y lo atraje hacía mí.
—Me encantaría, pero. Hoy hay tormenta de nieve y prefiero estar en mi casa, mejor otro día.
—De acuerdo, sube, te llevo a tu casa.
Así lo iba hacer, cuando sentí la vibración de mí celular en el bolsillo de mí abrigo. Era un número desconocido.
—Diga—respondí.
—¿Scarlett?—no reconocí la voz femenina del otro lado.
—Sí ¿Con quién hablo?
—Soy Lidia, la madre de Blake
«¿Esto era bueno o malo?»
—Ah, hola señora—me puse nerviosa, por alguna extraña razón.
—Me gustaría que me ayudaras con algo
—Claro..., Dígame
—Es un asunto legal—esas palabras llamaron mí atención.
—Señora, yo aún no terminó mi carrera. No creo ser la ayuda perfecta para usted—quise declinar de manera amable.
—Solo necesito unos cuantos consejos, por favor—pidío y ahora me sentí incapaz de negarme.
—De acuerdo—suspiré—¿Cuándo...?
—Hoy mismo—me interrumpió—Ven a mí casa en una hora.