Es domingo. Carla se despertó temprano. Antes de levantarse del todo, se quedó un rato mirando a Valeria, que dormía desnuda a su lado. No era nada excepcional; le encantaba observarla dormida: su cara relajada, la quietud de su cuerpo, esa frágil ternura que no mostraba jamás ante una cámara.
Se levantó con cuidado y fue a la cocina. Preparó un desayuno sencillo pero apetecible: tostadas, fresas cortadas y café recién hecho. No había música, solo el murmullo bajo de la cafetera.
Cuando volvió al dormitorio, se sentó en el borde del colchón. Despertar a Valeria requería cierta técnica: ni muy brusco ni demasiado dulce.
—Ey... ya es de día —le dijo en voz baja, rozándole el brazo.
Valeria se movió, frunció el ceño y, todavía medio dormida, buscó entre las sábanas hasta encontrarla. La besó sin abrir del todo los ojos. El beso se alargó más de lo esperado.
—Para —sonrió Carla—. Si sigues así, el desayuno se enfría.
Valeria emitió un gruñido ahogado contra la almohada.
—Eso es chantaje emocional.
—He preparado café y fresas.
—Así cómo no voy a quererte —respondió Valeria, abriendo por fin los ojos.
—Y hay segunda parte del plan —añadió Carla con intención.
— ¿Sí?
—Sí. Luego.
Desayunaron juntas, sentadas una frente a la otra, despeinadas y en camiseta. Hablaban sin prisa, saltando de un tema a otro con la soltura de quien ya no necesita impresionar.
—¿Cuántas relaciones serias has tenido? —pregunta Valeria, apoyando los codos en la mesa.
—Algunas. Lo demás... cosas que no duraron —contestó Carla—. ¿Y tú?
—Más intentos que aciertos —admitió encogiéndose de hombros—. Oye... ¿Cómo se lo dijiste a tus padres? ¿Te aceptaron bien?
—Decir... decir, no exactamente. Mi madre ya lo sospechaba; solo le confirmé lo que intuía. Lo encajaron bien, la verdad. Me quité un gran peso de encima.
—Se te nota —dijo Valeria, observándola—. Trabajas sin esa rigidez. ¿Y cómo te ves dentro de unos años?
—Me gusta disfrutar el día a día; más adelante ya se verá. Para saber a dónde quieres ir, tienes que saber de dónde vienes. Yo nunca he perdido ni perderé mi esencia; soy lo que ves. Bastante simple.
Valeria la miró en silencio, valorando la rotundidad tranquila de sus palabras.
—En eso llevas toda la razón. Por mucha fama o dinero que rodee mi vida, si pierdo mis principios, me quedo sin nada.
Valeria se levantó, la rodeó por detrás y le apoyó la barbilla en el hombro, dándole un beso lento en la mejilla.
—Ven —susurró—. Dame los buenos días como toca.
—Cariño, dúchate conmigo y salimos un rato —dice Carla, incorporándose con una sonrisa.
—Ahora mismo no —protestó Valeria, tirando de su mano—. Solo tengo ganas de quedarme aquí contigo, sin hacer nada.
—Anda, levántate, perezosa.
Se ducharon rápido, entre risas y agua caliente, más por activarse que por romanticismo. Cuando ya estaban listas para salir, Valeria notó que Carla guardaba un secreto.
—Bebé, ¿a dónde vamos?
—A seguir con la segunda parte —contestó—. ¿Te acuerdas de lo de ayer? Recorrer la ciudad con otra perspectiva. Ayer fue el mar y el centro; hoy toca subir.
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A través de nuestra mirada.
FanfictionValeria está acostumbrada a que todos la miren. Carla, a no saber qué hacer cuando el mundo entero empieza a fijarse en ellas. Cuando se conocen, Valeria está construyendo una carrera entre cámaras, eventos y redes sociales. Carla descubre junto a e...
