27 - Vuelta a la Realidad

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Después del viaje, empezaron días intensos para Valeria, cargados de eventos y compromisos. Para Carla, en cambio, la vuelta a la realidad no traía novedades: el restaurante, turnos largos y un cansancio acumulado en las piernas.

Esa tarde había quedado con su gente para tomar unas cervezas en el bar de siempre. El de toda la vida, donde no hacía falta dar explicaciones ni pretender nada.

—Hola —dijo Natalia al llegar.

—Buenas —añadió Alicia.

—Ey —saludó Marta, entrando detrás.

—Hola a todas —dijo Sara.

—Eh, hola —respondió Carla, sonriendo—. Marta, tía, cuánto tiempo sin verte. Ven aquí.

La abrazó con fuerza y le dio dos besos calurosos.

—Eso digo yo —contestó Marta—. He estado fuera un tiempo.

—Como siempre —saltó Sara—. Desapareces y no das señales de vida.

Marta sonrió sin necesidad de defenderse.

—Ya sabéis cómo soy.

—No hace falta que lo expliques —dijo Alicia—. Te conocemos demasiado bien.

—Anda, no seáis malas —intervino Natalia.

Carla levantó su botellín de cerveza.

—A ver, cuenta. ¿Te ha salido alguna amante por ahí y por eso te has esfumado?

—Pues no te voy a mentir —dijo Marta con picardía—. Me lo he pasado genial. Y vengo con la cabeza llena de ideas.

—Venga, suelta —dijeron varias a la vez.

Marta miró a Carla.

—¿Te acuerdas de tu ex, la de la furgo camper?

—Claro que me acuerdo.

—Pues me encantaría montar algo así. Una empresa de alquiler de furgonetas camperizadas. Está todo el mundo con eso ahora: te vas donde quieres, paras donde te da la gana... playa, montaña, otros países. Es un filón.

Carla se quedó pensativa un segundo, dando un sorbo a la cerveza.

—A mí la idea me flipa —admitió—. Podríamos ser socias, montar algo juntas... pero para eso hace falta pasta. Mucha.

—Eso es verdad —reconoció Marta—. Pasta que ahora mismo no tenemos. Pero quién sabe en un futuro.

—La idea es buenísima —dijo Alicia—. Otra cosa es llevarla a cabo.

—Yo soy más prudente —añadió Natalia—. Pero si algún día lo hacéis, os apoyo.

—Yo ya me veo —se rio Carla—. Empresaria total, con esta de socia.

—Bueno, yo me voy —dijo Alicia, levantándose de la silla—. He quedado.

—Yo también tiro —dijo Natalia—. A ver cuándo nos volvemos a juntar, que desde que tienes novia famosa no se te ve el pelo.

—Exagerada —respondió Carla, tirándole una servilleta doblada.

Alicia y Natalia se despidieron. En la mesa se quedaron solo Carla, Sara y Marta. El ambiente cambió de golpe: menos ruido, más intencionalidad. Las miradas se cruzaron. Carla lo sabía bien: cuando te quedas a solas con las amigas de verdad, las preguntas no tardan en salir. Y ninguna de las dos había venido solo a hablar de furgonetas.

Marta apoyó los codos en la mesa y miró a Carla sin rodeos.

—Bueno... ¿qué tal con tu novia?

Carla se encogió de hombros, buscando las palabras.

A través de nuestra mirada.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora