Carla se despide de sus amigas, todavía algo perdida, pero con una sonrisa que no consigue esconder. La idea del viaje en la furgoneta la tiene excitada y nerviosa a la vez. No sabe muy bien por dónde empezar.
Abre la puerta delantera y se sienta al volante. En el asiento del copiloto hay varias hojas sueltas y un mapa de España doblado con cuidado. Todo parece demasiado organizado para algo que, en teoría, debería ser improvisado.
Reconoce la letra de Marta en una de las notas:
Carla, te hemos preparado una ruta. Léela poco a poco, porque si lo lees todo de golpe, te agobias. Y con lo quejica que eres, seguro que te echas para atrás.
Pon en el GPS Monasterio de Piedra y no pienses demasiado. Cuando llegues, pregunta por Pedro. Él lo tiene todo controlado.
Carla resopla y sonríe al mismo tiempo.
Luego encuentra otra nota, más corta. Es de Sara:
Cuando puedas, mira atrás. Y disfruta del viaje.
— ¿Mirar atrás? —murmura para sí.
Se siente sobrepasada por tanta información: el viaje, la ruta, la furgoneta, las expectativas. Está un poco agobiada, sí. Pero también extrañamente feliz. Siente que algo importante está a punto de pasar, aunque no sabe qué.
Respira hondo.
Sin pensarlo mucho, se levanta y abre la puerta de la parte trasera de la furgo.
Y se queda completamente quieta.
Valeria está allí.
Sentada, nerviosa, con las manos entrelazadas. Mirándola como si llevara minutos —o quizá una vida entera— esperando ese momento.
El tiempo se frena.
Carla no sabe qué hacer. Sí, acercarse. Sí, abrazarla. Sí, besarla. Sí, preguntar qué hace allí. El corazón le late tan fuerte que casi le molesta. Tiene tantas ganas de todo que el cuerpo no le responde.
Opta por lo único posible.
—Hola —dice, con la voz temblándole.
—Hola —responde Valeria.
Nada más.
A Carla le cuesta respirar normal. Todo lo que siente se le junta: alegría, miedo, deseo, alivio. Quiere hacerlo todo y no sabe por dónde empezar.
Valeria está igual o peor. Lleva esperando en silencio, dándole vueltas a mil escenarios: abrazarla, pedir perdón, besarla, romper a llorar. Y ahora que la tiene delante, todo eso desaparece.
Solo queda ese "hola".
Dos personas que se quieren. En un espacio pequeño. Con demasiadas cosas pendientes. Y, por primera vez en semanas, las dos en el mismo sitio.
Carla respira hondo. Necesita decir algo, romper ese silencio que ya no es incómodo, pero sí cargado.
—Por lo visto —dice— me voy de viaje sorpresa en una furgo.
Carla esboza una sonrisa pequeña, prudente.
—Lo sé. Todo ha sido idea de tus amigas. Yo... voy contigo. Si tú quieres.
Carla la mira, sorprendida todavía por la situación. Sacude la cabeza, medio riéndose.
—Vaya día llevo —dice—. Me vais a matar con tanta sorpresa. Pero si te soy sincera... de todas, tú eres la mejor.
Hace una pausa breve, solo la justa. —Claro que quiero que vengas conmigo.
Valeria no responde enseguida. Solo asiente. —Entonces me quedo.
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A través de nuestra mirada.
Fiksi PenggemarValeria está acostumbrada a que todos la miren. Carla, a no saber qué hacer cuando el mundo entero empieza a fijarse en ellas. Cuando se conocen, Valeria está construyendo una carrera entre cámaras, eventos y redes sociales. Carla descubre junto a e...
