Valeria está acostumbrada a que todos la miren. Carla, a no saber qué hacer cuando el mundo entero empieza a fijarse en ellas.
Cuando se conocen, Valeria está construyendo una carrera entre cámaras, eventos y redes sociales. Carla descubre junto a e...
Estamos en la recta final de febrero. Valeria está en Madrid, sentada en la sala de espera del aeropuerto, con el pasaporte en la mano y el móvil apagado sobre la mochila. Delante tiene un vuelo largo. Detrás, demasiados pensamientos.
Viaja al Caribe para asistir a uno de los festivales de música electrónica más importantes del mundo, que celebra su octava edición. Más de cinco mil personas vuelan hasta la República Dominicana para cambiar el invierno por sol, música y noches largas.
Valeria debería estar ilusionada, y en parte lo está. Lleva una semana entera por delante, sin prisas, con música, calor y gente. Es un privilegio, lo sabe. Pero no está bien.
Carla le ha pedido tiempo. Tiempo para pensar, para ordenarse, para decidir. Y ese tiempo pesa más que cualquier maleta.
Pero la vida sigue avanzando, incluso cuando una parte de ella se ha quedado esperando. Los vuelos salen igual, los contratos siguen vigentes y las agendas no entienden de pausas emocionales.
Valeria se levanta cuando anuncian el embarque. Se coloca los auriculares sin música y respira hondo. No viaja para olvidar. Viaja porque toca. Quizá el sol le devuelva algo de ligereza. Quizá no.
Los días previos al festival se llenan de fiestas en piscinas y discotecas de la zona: música alta, cuerpos al sol y copas que se encadenan sin demasiada conciencia. Valeria está con su grupo de amigas. Salen, beben más de la cuenta y Diana acaba algo indispuesta, volviendo antes a la habitación. El calor, el alcohol y el cansancio pasan factura.
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A la mañana siguiente, el contraste es evidente. La habitación está a oscuras y el aire acondicionado suena constante. Valeria se despierta con el dolor de espalda que arrastra desde hace tiempo y la cabeza espesa. Diana tampoco se levanta.
Hablan desde la cama, sin mirarse demasiado.
—Me encanta este festival —dice Diana—. Ayer había tíos buenísimos. Bebimos bastante, ¿eh?
—Sí... creo que demasiado —responde Valeria—. No me acuerdo bien de anoche. Espero no haber hecho ninguna tontería.
Diana duda un segundo antes de hablar:
—Te emborrachaste un poco.
Valeria frunce el ceño.
—No lo recuerdo, de verdad.
—No pasó gran cosa, solo que te pusiste a hablarme de Carla todo el rato.
Valeria cierra los ojos.
—No me acuerdo... pero no me sorprende.
Diana gira la cabeza hacia ella.
— ¿Habéis discutido?
—Nos hemos dado un tiempo. Más bien me lo ha pedido ella.
— ¿Por qué?
—Le dije que tenía miedo de lo que sentía. Es algo muy fuerte y nuevo para mí. Lo entendió mal... pensó que dudaba. Y ahora estamos en pausa.