Cuando finalmente sentí que todo estaba mejor, mi celular resonó a mitad de la madrugada asustándome. Caí sentado en la cama y para cuando quise arrepentirme ya estaba respondiéndole a quien sea que estuviese llamando.
Pensaba que podría ser Aarón, Mike o inclusive mi padre. Pero no fue así.
La voz suave y asustada de una chica me hizo despertarme de por completo.
—Lamento si te desperté, sé que suena estúpido pero no sabía a quien llamar.
—No te preocupes, ¿Que pasó?
—Yo... no lo sé. Me siento muy sola. Desde lo qué pasó no me siento igual. Creo que... —se escuchó como sorbió su nariz y ahí noté que estaba llorando—. Olvídalo, nos vemos después.
—¿Donde estás ahora?
—En el parque central. ¿Por que preguntas?
—Llegó en cinco minutos.
Y sin más me puse una sudadera y unos tenis y me fui corriendo de allí. Llegue al parque en menos de lo que pensé y cuando la vi allí sentada temblando del frío no pude pensar en nada más que porque no estaba abrigándose.
Michelle se veía muy mal. Tenía unas ojeras enormes, ya no traía maquillaje por lo que sus pecas se veían aún más. Sus labios estaban pálidos y sus ojos hinchados por tanto llorar.
Joder, ¿Que le habían hecho a esa castaña tan linda?
—¿Quieres otro abrigo? —pregunte al llegar a ella, ella me sonrió y se encogió de hombros.
—Olvide traer el mío cuando salí de casa.
—Tengo otro en el auto. ¿Vamos? —invité, ella al instante abrió los ojos dispuesta a negarse pero para cuando iba a protestar ya yo estaba caminando directo a mi coche.
Cuando ambos entramos en el me dediqué a buscar la sudadera que siempre me ponía cuando iba a ver las películas al parador de la ciudad. Aprendí a dejar una sudadera ahí porque cada que traía una chica ella se comenzaba a congelar del frío y yo me quedaba sin suéteres.
De ahí en más esa sudadera pasó de chica en chica.
Pero lo que menos espere fue que le quedara tan bien a una embarazada.
—¿Mejor?
—Si, gracias —dijo ella asintiendo. Vi como aparto la mirada, incómoda.
—¿Que está pasando Michelle?
Ella me vio, sus ojos verdes me vieron por un momento y volvieron a apartarse suspirando.
—No lo sé Cameron. Creo que ya no puedo.
—¿No puedes con que?
—Con esto, con el embarazo, la secundaria, mis padres, con todo.
—Para el embarazo tienes tiempo, aún no crece tu vientre y...
—¡Ese es el problema que yo no quiero que me crezca el vientre! —la desesperación en su tono me alarmo, no dije nada y ella soltó una maldición por lo bajo—. Yo no quería esto. No quería nada de esto y no tuve opción.
—Si tú no quieres tenerlo...
—¡Claro que voy a tenerlo! ¡Por amor a Dios Cameron! —dijo ella cortándome—. Por más que no quiera ser madre este crío no tiene porque pagarlas. Fue culpa mía y sólo mía.
—No fue tu culpa —le asegure.
—No —asintió dándome la razón—. Fue de Monty. Ese hijo de puta me tomó sin condón y al día siguiente me dijo que si lo habíamos hecho. Yo estaba muy drogada para recordarlo.
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Jump Shot | Libro II
Teen FictionAltanero, confiado, sarcástico, atlético... Todos y cada uno de esos son las características responsables de describir a Cameron Lightwood. Al igual que su hermano mayor, es un gran atleta y el capitán del equipo de baloncesto. Pero, hay una gran...
