—¿Cameron? ¿Dónde estás? —la voz de mi madre en el corredor se escuchó cerca de mi habitación.
—¡Aquí dentro! —la puerta de la habitación se abrió dejando ver a mi ajetreada madre, quién sonrió al verme lleno de pintura y rodeado de lienzos.
No preste atención a su aspecto, estaba muy distraído dando pinceladas rápidas en los tres lienzos que me rodeaban.
—¿Trabajas en algo nuevo? —una sonrisa de lado surgió en mis labios mientras tomaba el color azul.
—Bueno...creo que he encontrado a mi musa —sonreí, poniendo el pincel detrás de mi oreja.
Mordí mi labio admirando el cuadro, estaba hecho a la perfección. Su cabello rubio completamente liso bajaba en cascada por sus hombros, traía una expresión de alegría y una sonrisa resplandeciente en su rostro. No había una sola muestra de maquillaje en la ilustración, un leve enrojecimiento en sus mejillas para darle ese toque inocente que la rodea. Pestañas largas por naturaleza y unos ojos azules que atrapan a cualquiera.
Sonreí, era perfecta.
—¿Ah si? ¿Y de casualidad tu madre puede saber quién es? —mi madre se recostó de el marco de la puerta de la habitación con curiosidad.
—La conocerás, cuando sea el momento. Por ahora, tienes una versión cercana de su belleza plasmada en papel.
Volteé el lienzo principal en su dirección haciéndola abrir la boca con sorpresa y taparla con sus manos de golpe.
Se acercó, evitando ensuciarse con el papel reciclable del suelo que estaba repleto de manchas de pintura.
Repaso con la mirada la obra, observando cada detalle a perfección y finalmente habló.
—¡Magnífico! ¡Es magnífico! —aplaudió con una sonrisa de oreja a oreja—. ¡Será perfecto para la subasta de la semana entrante! ¡Sé de una persona que amaría este cuadro!
Abrí los ojos como platos y le arrebate el lienzo de las manos aterrado.
—No, negativo, imposible, denegado, objeción, falta. Y por si no te quedó claro, no —la mirada de mi madre se tornó una confundida y enojada.
—¿Qué? ¿Por qué? ¿Piensas guardarlo aquí dentro como si no fuera nada? ¡Estás mal! ¡La gente merece ver tu talento! —negué poniendo el cuadro en su trípode, reposando para que finalice el proceso de secado.
—¡Siquiera la conozco! No puedo vender un cuadro con su rostro, ¡con ella! Sin que lo sepa o al menos sin que piense que soy un maldito acosador.
Mamá frunció el seño, indignada y confundida.
—No entiendo Cameron, ¿qué demonios piensas hacer con tu vida y tu futuro? Tienes un talento que muchos conducirían y ¡no lo aprovechas!
Esta vez fui yo quién frunció el seño.
—¡No! Mi verdadero talento está en las palabras, las letras y como expresarlas. Lástima que tu mente automotriz no te permite asimilar eso como es debido —mi madre se cruzo de brazos, confundida.
—¿Automotriz? ¿Qué se supone que significa eso? —puse los ojos en blanco.
—Hace referencia a que tu mente es cuadrada, como el motor de un automóvil. Funciona con un solo pensamiento a la vez, como los autos con el combustible; no puedes asimilar otra cosa más que tu propio pensamiento que hace tú cerebro operar.
La cara de indignación de mi madre aumentó a niveles inverosímiles.
—¡No uses tus palabrerías sofisticadas conmigo, soy tu madre Cameron!
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Jump Shot | Libro II
JugendliteraturAltanero, confiado, sarcástico, atlético... Todos y cada uno de esos son las características responsables de describir a Cameron Lightwood. Al igual que su hermano mayor, es un gran atleta y el capitán del equipo de baloncesto. Pero, hay una gran...
