27: La cruda realidad

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Cameron.

—¿Qué mierda hace él aquí?

—¿Alguien ha visto mi cubeta?

—El juego está por empezar, concéntrense en eso.

—¿Ya vieron? Bryce está allá afuera.

—Joder...

—¡Jenna Kennedy, abre la puerta!

Los gritos alrededor hacían de los vestidores un caos. Dentro habían jugadores, y afuera, la primera generación de Pumas esperando a por su chica. Recosté la cabeza en la puerta, tratando de escuchar.

—¡Quiero a todos mis jugadores en la cancha, ahora!

Miré al entrenador, que en ese momento estaba cruzado de brazos viéndome. Furioso era poco para lo que parecía.

—¿Lightwood?

—Sawyer jugará por mí. Tengo asuntos que resolver.

El lo pensó por un instante, y asintió resignado.

—Tienes hasta el segundo cuarto del juego, ni más ni menos.

Miré la puerta y tomé aire.

—Jenna... —llamé, temeroso—, ¿Jenna?

—A-Aquí...

—¿Te sientes...?

La puerta se abrió de golpe, quitándome las palabras de la boca. Su mano dió un tirón a mi brazo, metiéndome dentro de la oficina de Jonathan. Parpadeé sorprendido, intentando asimilar aquello. Vi como en un abrir y cerrar de ojos, sus brazos me rodearon y se apegó a mí, abrazándome. Su corazón estaba latiendo tan fuerte que podía sentirlo contra mi, sus manos temblaban sin control.

—Jenna...

—¿Por qué? ¿Por qué hoy?

—Jenna, yo de verdad...

—¿Sabías que vendría?

—Yo fui quién lo planeó. No se suponía que se encontraran —me apresuré a contar—, Me habían dicho que hoy estarías en la universidad.

—Tenía la sorpresa de los chicos con Jonathan, no podía irme.

—Lo lamentó, fue mi culpa.

—Tenía que enfrentarme a esto tarde o temprano —murmuró contra mi pecho—, ¿Verdad?

—Si, pero no se supone que...

—Creo que estoy lista. ¿Cuantos años han pasado ya? ¿Tres?

—¿Qué hay de Ashton?

Ella tomó aire, y entonces negó.

—Ashton y yo dejamos de ser una pareja cuando Lightwood se fue.

—P-Pero ustedes...

—Me di cuenta que lo amaba cuando no pude tenerlo —suspiró—, Ahora que regresó yo...

—¿Jenna?

Sus ojos me observaron con pánico. Nervios desbordándose por sus poros. Tomé un suspiro y negué. Lo que ella debía hacer era afrontar la verdad, afrontar la historia, la tragedia que los perseguía debía terminar.

—Lo dejaré entrar —avisé.

No lo dudé y me solté de su agarre. Abrí la puerta, encontrándome con aquella mirada azul que desde niño admiré.

Mi hermano había cambiado un poco, seguía siendo el mismo, pero físicamente lucía mayor. Le di mi mejor sonrisa, y me hice a un lado. El lo entendió, abriéndose paso en la habitación y cerrando la puerta tras él.

No quise mirar atrás, tampoco quise verle el lado positivo o negativo a la situación. Simplemente me fui, no era mi historia para contar.

—¿Todo está bien?

Me encontré a Michelle a mitad de camino, viéndome curiosa. Le sonreí, tomándola por la cintura apegándola a mí.

—Todo está perfecto —respondí seguro.

—Hay un equipo entero de jugadores discutiendo en el pasillo. ¿Crees poder ayudar?

—Creo que si.

—Por cierto, Amara estaba en los vestidores de las porristas. Deberías ir donde ella. Deben hablar, Cam.

—De acuerdo —respondí, soltándola—, ¿Tú donde irás?

—Iré con Jonathan, debe estar por lanzarse de un puente con todo esto.

Solté una risita y asentí, dejándola irse.

Michelle tenía razón, Amara y yo debíamos hablar. Teníamos aquella charla pendiente y no podía permitirme que siguiese así. Pocas veces consideraba las opiniones de los demás para hacer mis elecciones. Irme del pueblo era importante, hacer mi vida lejos y iniciar de cero, era lo que necesitaba. Esperaba que ella lo entendiera, que ella...

—¡Joder, así!

Fruncí el ceño, deteniendo mis pasos y quedándome en medio del pasillo con sorpresa.

—¿Te gusta? Vamos nena, dímelo... ¿Te gusta?

—¡Ah, si! ¡Así, así...!

El impulso me atacó, corriendo directo al vestidor, entrando sin aviso alguno. La mirada se me borroneo tan pronto fui capaz de ver con claridad aquello. Amara estaba sobre el lavamanos, de piernas abiertas y gimiendo a más no poder. Tenía un chico entre sus piernas, moviéndose repetidamente, complaciéndola. Lo único que podía ver era aquella espalda ancha, y la manera en la que ella gritaba con el rostro pegado al cuello del chico.

Un revuelco en mi estomago me hizo querer vomitar. Mi paladar tenía un sabor reacio. Las arcadas estaban por...

—¡Mierda, así! ¡Oh, Monty!

La sangre dejó de correr por mi cuerpo. Mi corazón dejó de latir.

Aquel nombre, ella había...

Vi como a través del reflejo del espejo, la mirada de Monty conectó con la mía, y en vez de apenarse solo sonrió de manera lobuna. Era como si estuviese feliz de que los haya visto. Como si estuviese... vengándose.

Salí de los vestidores echando humo por las orejas, molesto a más no poder.

El juego estaba por el segundo cuarto, nosotros perdiendo por dos puntos. No lo dudé y me acerqué al entrenador. La multitud gritaba y vitoreaba, entretenida pot el juego. Reconocí a los Pumas en la banca, con los demás chicos, viendo el juego en silencio.

—¿Vas a entrar? —preguntó al verme, asentí—, Bien. Haz que ganemos el jodido partido.

Al entrar en la cancha, Sawyer fue a sentarse a la banca, donde los demás lo animaron. Con una sonrisa cansada, el flacucho se sentó a la par con los antiguos jugadores. Me posicioné, viendo mis opciones, y viendo con quienes podía conectar más. La mirada de Mark conectó con la mía, le hice una seña en afirmación.

—¿No se suponía que estuviese aquí Monty? —preguntó de la nada Rick.

Aquel recuerdo perturbador me hizo gruñir.

—Está muy ocupado ahora... ¿Vamos a jugar o no?

—¡A jugar!

El árbitro sonó su silbato, el balón cayó a las manos de un Tiger. Todos corrimos en dirección a ellos, listos para quitarle el balón.

—¡Demuéstrales de que estás hecho!

Le quité el balón al chico, lanzándolo hacia Rick quien no dudó en atraparlo y maniobrarlo lo suficiente como para devolvérmelo. Lo lance seguro cuando tuve la oportunidad.

El balón bajó por la malla haciendo que la multitud enloqueciera, dándonos un tiro de tres perfecto.

Le guiñé un ojo a Michelle quien se puso roja tal cual tomate al verme.

Esto solo empieza...

Jump Shot | Libro II  Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora