|5| Caja de Pandora

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 Iris

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Iris

Las Vegas, Nevada

—Dame paciencia, que juro que mato a alguien —dijo Galilea en voz alta. El calor que hacía en las Vegas nos estaba jodiendo a todas y ninguna quería a alguien cerca por el momento.

—Venga mis queridas Damas, venimos a festejar mi cumpleaños y a buscar un poco de entretenimiento —inquiere Dalila mientras mira de forma picaresca a un grupo de hombres y mujeres en el lobby del hotel —. No venimos a quejarnos, la noche es joven y no se sabe que sorpresas nos vamos a encontrar. ¿Cierto, Iris? —me dijo tratando de llamar mi atención.

Había perdido el hilo de su conversación, estaba mirando los alrededores buscando al hombre con el que supuestamente me tengo que reunir y que también se está hospedando aquí en el Caesars palace.

—Joder Iris, deja de pensar en tu próximo movimiento como si alguien fuera a atacarte en este momento —me reprocha Lydia.

—Vale, ya dejo eso. Vamos a descubrir nuestras habitaciones —propuse emprendiendo el camino a los elevadores como si estuviéramos dando una pasarela, llamábamos la atención y no era de menos, los hombres nos miraban como algo inalcanzable y las mujeres con envidia o admiración. Es inevitable pasar desapercibidas, cada una de nosotras posee una belleza exótica digna de admirar.

Disfrutemos la vida, celebremos junto a ella mientras observamos cómo todo se derrumba a nuestro alrededor. Ese era nuestro lema.

Quisimos ir a conocer la gran ciudad del pecado, veremos que tan pecadoras somos. Decidimos probar los casinos, tantear la ciudad y probar las delicias de la ciudad. Y no, no me refiero a los hombres... me refiero a la comida.

Los edificios de la ciudad de las luces te podían dejar con la boca abierta, los casinos aún más, llenos de vida y adrenalina donde podías ganar todo o perderlo en cuestión de segundos. Los casinos son de los principales lugares que usamos los DeSantis para el lavado de dinero, algo tan simple como lanzarte en paracaídas, las reglas son sencillas solo tienes que tener el coraje y ser lo suficientemente inteligente para no matarte en el intento.

Nos encontrábamos en el casino Bellagio, a mis amigas nunca les atrajo los juegos de azar, pero la emoción del momento las incitó y me llevaron con ellas.

Veías a un grupo de mujeres vestidas como si fueran a una gala apostando como si no hubiera un mañana. Derrochábamos seguridad en cada partida y cada movimiento meticulosamente planeado. Derrotábamos a nuestros contrincantes y salíamos victoriosas. Algunos jugadores se retiraban antes de quedar con los bolsillos vacíos.

Mientras nos regocijamos en nuestros triunfos, un moreno de ojos marrones y cabello oscuro como el mío que media más o menos un metro noventa, se acercó a la mesa con aire lúgubre. Eso llamó la atención de Dalila, ella no pierde ninguna oportunidad.

El Juego ProhibidoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora