|26| Diosa de la guerra

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ADVERTENCIA: En este capítulo van a encontrar contenido para adultos, lenguaje explícito, contenido de violencia explícito y tiene partes que pueden desencadenar una respuesta emocional negativa. Tal vez no sea la escena más violenta que hayan leído, pero tengo que dar el aviso. Lean bajo su propio riesgo.

 Lean bajo su propio riesgo

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Iris

En el pálido resplandor que emana de las luces de los vehículos, mis ojos esmeraldas parecían aún más calculadores y remotos. Las líneas de mi rostro se convierten en sombras cuando me aparto de la luz, afilando mis rasgos.

Lydia y yo tenemos un semblante inamovible. Frío y terrible. Lydia se pasa los dedos por debajo de las rodillas, estaba nerviosa.

—Me han dicho que posiblemente va a haber una aliada entre nosotros y los Amuso. Crees que Hades...—. Su voz era baja y sin pretensiones. Casi... Amable.

—Sí, Lydia. Fue por petición de mi padre.

Su actitud amable desaparece y sarcástica me dice: —Y ahora trabajan con el enemigo... ¿Mantén a tus enemigos cerca, cierto?

—Sí, Lydia. Es mejor mantenerlos cerca.

Realmente no quiero escuchar a mi amiga por lo que respondo de forma vaga sin casi prestar atención a lo que habla.

—Todo un cambio de posición. Quién lo diría —, ella alza la voz tratando de llamar mi atención.

Yo solo reprimo un quejido de irritación.

—Quizás. No es algo con relevancia, será temporal.

—Ya veo.

«No ves nada, querida», pienso.

Ella me devuelve la mirada, esperando que el mosaico de color en mis ojos refleje alguno de los pensamientos que corren desenfrenados por mi mente. Ella solo pierde su tiempo buscando algo que no va a encontrar, ni hoy ni nunca. Si busca alterarme con la supuesta alianza con los Amuso, no lo logrará.

—¿Por qué te ofreciste como voluntaria, querida Dama?—pregunto, sin embargo, ella no me responde —. ¿Qué te impulsó a hacer algo tan tonto? Casi nunca mostraste interés en este tipo de cosas, ni conmigo ni con Galilea o Dalila.

—¿Perdóname?—inquiere.

—Quizás fue el atractivo de conseguir un poco de adrenalina. O la vana esperanza de que seas tú quien logre mantener a flote nuestra relación y ganes el corazón de la organización —pronuncio sin emoción, mirándola intensamente por los espejos del auto.

Lydia empieza a golpetear con sus dedos el cinturón de seguridad con un ritmo marcial. —No haría ninguno de esos delirios, Iris.

—Disculpa, eso no era para ti —inquiero socarrona —. Estaba recordando una conversación con mis hermanos y no me di cuenta de que hablé en voz alta... Volviendo a lo otro, entonces, ¿por qué te ofreciste como voluntaria? ¿Por qué estás dispuesta a desperdiciar tu tiempo en esto cuando puedas hacer otras cosas de tu interés?

El Juego ProhibidoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora