|25| Cándidos

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ACLARACIÓN: Alekai Vólkov y Kai Vólkov son personas DIFERENTES.

ACLARACIÓN: Alekai Vólkov y Kai Vólkov son personas DIFERENTES

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Iris

—¡Buena carrera!

—Vete a la mierda— Escupí, golpeando la pared a mi lado. Los guantes que usaba protegían mi puño, evitando que me doliera, pero podía sentir que mis nudillos se ponían azules. Joder, ¿cómo pudo pasar esto? DE NUEVO.

—Oh, no seas grosera, todos sabemos que soy mejor que tú, Piccola [pequeña]—se rio, tomando el efectivo que habíamos apilado y arrojándolo en su baúl abierto.

—Cállate Ares, no estoy de humor, — le dije pasando junto a él para dirigirme a mi coche.

—¿Y cuando estás de humor?

Estas carreras se estaban volviendo ridículas y eso que soy fanática de ellas. Me senté y vi como Ares sacaba un cigarrillo. Yo solo me acerqué extendiendo mi mano.

—¿Qué?

—Dame uno, necesito relajarme.

Mi hermano saca un cigarrillo de su bolsillo y me lo da. Yo lo sostengo entre mis labios mientras Ares lo enciende. No soy de fumar, de hecho nunca lo he hecho, pero la situación con Lydia me tiene harta y tengo que liberar la tensión. Encendiendo el motor, mi teléfono suena haciéndome volver al asiento trasero y al levantarlo veo un nombre familiar.

«Lydia Vera.»

—¿Qué?— Pregunté cerrando los ojos mientras recostaba la cabeza en el asiento y me llevaba el cigarrillo a la boca. Supuestamente ayudan a relajarte, pero no sirve para una jodida mierda.

—Dios, por tu respuesta puedo imaginarme quién ganó —responde riendo al otro lado de la línea. ¿En qué me metí?

—Sí, puedes imaginarte. ¿Por qué llamaste?—Dije ya harta. Saqué mi auricular de mi bolsillo y lo coloqué en mi oído, conectándolo a mi teléfono. Apagué el cigarro y lo tiré en una pequeña bolsa de basura que tengo en el carro, conduciendo detrás de Ares a una velocidad de cien kilómetros por hora.

—¿Cuándo volverás? Estoy aburrida y Dalila y Galilea se fueron quién sabe a dónde, — pregunta, claramente estaba haciendo otra cosa y hablaba desde la distancia hacia el altavoz.

—Estoy en camino. Casi llego.— Respondo acelerando más rápido superando a Ares dejándolo muy por detrás de mí y sacándole el dedo medio.

—Bien, apúrate.— Termina colgando la llamada. Tomando mi teléfono, lo tiro a un lado, mis dos manos dando vueltas alrededor del volante corriendo hacia la villa. Durante todo el trayecto, Ares y yo parecíamos en una carrera, ambos nos adelantamos mucho, conduciendo cada vez más rápido.

Cuando llegamos a la villa, ingresamos un código y dejamos que escanearan nuestros ojos para entrar a la propiedad. La villa es el segundo lugar más asegurado luego de la "villa de seguridad" a las afueras de Palermo. Ambos estacionamos nuestros autos y caminamos hacia la entrada de la villa donde se observaban unas puertas dobles gigantescas. Ares las abrió bruscamente exponiendo nuestro salón de diseño dorado.

El Juego ProhibidoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora