Iris DeSantis es el mito que recorre el bajo mundo. Ella es la personificación de la guerra, el poder y el dominio. Fue entrenada desde pequeña en el régimen del Consejo, una organización nacida de la unión de los cabecillas de las mafias más podero...
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Iris
—Mis bellas Damas —dije con la voz en alto a medida que entraba al cine de la casa en Las Vegas.
Lydia, Galilea y Dalila voltearon a verme curiosas al entrar de improviso.
—Llegó la hora de vengarnos de los bastardos que osaron robarnos y creyeron salir impunes —. El trío sonrió cínicamente. Sabían de qué hablaba, sabían que el momento de vengarnos había llegado. Las peleas, la muerte, los planes hacen parte de nuestro mundo, nos llena de emoción, es nuestro placer culposo.
Nos miramos fijamente las cuatro para decir al unísono.
— Es hora de que Las Vegas sepan que las Damas de la Mafia llegaron.
—Dejemos que el caso explote —dije para luego prepararnos para la toma de Las Vegas.
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Estábamos en nuestro antiguo territorio, el territorio que nos robaron los Rossi, la pequeña mafia que nos robó cuando nosotros le dimos protección. Creyeron que iban a salirse con la suya y no tener consecuencias, que ingenuos.
Mi mellizo Ares y yo somos conocidos por los buenos estrategas que somos, no vamos a lanzarnos sin antes observar cada mínimo detalle, cada posible consecuencia, cada movimiento que podría hacer el enemigo.
He estado analizando los movimientos de los Rossi desde mucho antes que llegáramos a Las Vegas. Los he analizado mucho más de cerca estando en su territorio, no sé imaginan que iremos a la boca del lobo, pero un poco de peligro no hace daño.
Estábamos en el bar Abismo, un bar muy conocido en Las Vegas debido a su excentricidad, pero sobre todo debido a su exclusividad, sus diversos métodos de entretenimiento y su seguridad para las personas del bajo mundo. Abismo fue fundado por Ares y yo, los mellizos DeSantis. Es un paraíso entre los mafiosos.
Nos detuvimos frente a la gran edificación de vidrios. Una mujer vestida de negro estaba en la entrada junto a tres guardaespaldas, los cuatro tenían puesto un antifaz. En este bar pusimos la política de que todo el personal debía de usar antifaz y cuando nos referíamos a personal hablábamos de toda persona relacionada con el crimen organizado, aunque no faltaban las personas que no tenían nada que ver con eso y usaban uno de todos modos.
Nosotras vinimos en deportivos separados, cada vehículo en un punto estratégico alrededor del local en caso de emergencia. Antes de bajar, verifiqué que todas las chicas habían entrado, para luego seguir yo. Cada una llegó en distintos intervalos de tiempo.
Me coloqué el antifaz rojo y seguí a uno de los guardas. Al entrar, me hacen seguir a un ascensor exclusivo para el personal.
Bajé tres pisos para poder llegar a un panorama lleno de excentricidades. Un panorama completamente distinto al del primer piso, donde están la mayoría de personas que no están vinculadas con la mafia.