|36| Calvario

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Palermo, Sicilia

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Palermo, Sicilia.
14 de Julio 2020.
Basilio DeSantis

ALÉXIOS DESANTIS
1974-1997
Amado hijo y hermano.
Descansa en la paz del señor.

Me paro ante la tumba de mi hermano menor como cada semana.

A cada costado están otras dos tumbas de dos personas que creí conocer muy bien, de hecho, fue así hasta que fueron arrebatadas de mi lado luego de que las verdades ocultas salieran a la luz.

Me inclino y limpio el polvo de una de las tumbas que está al costado de la de mi hermano. Acaricio sus facciones en la diminuta foto que me mira sin pestañear. Quien iba a imaginar que una mujer como ella tenía una mente tan jodida y ni hablar de su hermana que estaba peor que ella, ¿Dónde estará en este momento? Me preguntaba constantemente.

—Basilio, ¿estás listo para irnos? —pregunta Salvatore.

—Si —murmuro, desconectado de la realidad —. Dame unos minutos, ¿quieres? Vayan a las camionetas.

Salvatore y el resto del cuerpo de seguridad giran y caminan de regreso al parqueadero, dejándome y me trago el nudo en la garganta mientras miro las lápidas. Cuantas mentiras fueron enterradas con aquellos tres. Cuantos secretos han sido enterrados en el tiempo.

El peor dolor es aquel provocado por una herida que no se ve, las heridas grabadas en nuestra alma. Se roban la alegría, las ganas de luchar y la esperanza. Pero ella me dio dos razones para seguir adelante a pesar de la mala relación que tuvimos.

La culpa que siento es pesada. Después de todo, he mentido a dos de mis hijos. La historia con ella es un espejismo del infierno que me ofreció como paraíso.

A pesar de los malos momentos, estoy eternamente agradecido por aquel retazo de esperanza que apareció cuando volví de mi secuestro a manos de la Rosa Blanca hace más de 23 años, el nacimiento de Atenea y Hermes. Sumándole luego el bebé que encontré y lo considero como uno de mis hijos, Ares. Por ellos he mentido, prefiero que tengan la imagen de que Ate y yo fuimos almas gemelas a que supieran que yo solo la manipulaba por conveniencia y de que se enamoró de mí cuando al principio ella hacía lo mismo que yo.

Ate Onassis se enamoró de una manera estúpida, del que menos le convenía, de aquel que no le daría lo que merecía, del hombre que más daño le ha hecho, de su rival.

—Nuestros hijos están bien, Ate —susurro —. A pesar de las sospechas del psiquiatra, ellos están bien... Al menos, han demostrado que las suposiciones de él son erróneas. Hermes y Atenea son espectaculares y junto a su hermano Ares son imparables, todo un orgullo mis tres hijos.

El Juego ProhibidoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora