Iris DeSantis es el mito que recorre el bajo mundo. Ella es la personificación de la guerra, el poder y el dominio. Fue entrenada desde pequeña en el régimen del Consejo, una organización nacida de la unión de los cabecillas de las mafias más podero...
Advertencia: Hay escenas fuertes en este capítulo (eróticas). Para las personas sensibles con respecto a ese tipo de contenido se recomienda no leer esa parte. Sé que las van a leer igual así que háganlo bajo su propia responsabilidad. Sin más que decir, ¡disfruten!
¿Pueden responder la pregunta al final?
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Adriano Minutos antes del encuentro.
Una corriente de aire frío se filtra por las ventanas del deportivo mientras trato de seguirle el paso a la motocicleta que va delante de mí. Por fin, voy a tener cara a cara a aquella mujer que es alabada en el bajo mundo.
Aquella mujer de negro llega a su presunto destino. No bajo aún, espero que se baje para observar. Tengo que analizarla antes de dar mi entrada.
Baja de la moto, su vestimenta de cuero se ajusta a su cuerpo curvilíneo dándole un aura peligrosa, pero intrigante a la vez.
—Voy a tratar de llevarla al callejón sin salida qué hay cerca. Lleva el deportivo ahí y cuando ya la tenga atrapada vienes.— le digo a mi hermano Romeo Cavalier.
Espero unos minutos cuando decido adentrarme al callejón. Ella parece notar mi presencia, pero por la poca luz no puedo verme bien. Camino por el sombrío lugar haciendo resonar mis pasos entre las piedras y charcos de agua. Sus ojos eran de un color esmeraldas que resplandecía bajo la tutela de la oscuridad, los ojos más hermosos e intrigantes que he visto. Ella hace un movimiento que me alerta y no pierdo el tiempo, saco el arma y le apunto al igual que ella a mí. Una lucha de miradas, con pasos cautelosos nos acercamos.
Tengo que bajar el arma aún no podía matarla. Todo a su tiempo. Ella seguía mirándome de una forma profunda, creí que no había cumplido con la primera fase del plan, pero la lascivia se dio paso en su mirada. Había cumplido el primer objetivo de la noche.
Me apoyo en la pared de piedra mostrándome tranquilo para evitar que me dispare, es muy desconfiada. Ella no ha dejado de apuntarme.
Pasaron alrededor de cinco minutos y no hacía nada, tal parece que tengo que darle un empujón. Ella se va acercando y le hago una señal de silencio llevando mi índice a mis labios haciéndola confundir debido a que el callejón estaba sumido en un silencio de ultratumba. Aprovecho eso y me alejo del lugar esperando que me busque. Le hago perderse entre las calles sicilianas para que crea que me perdió el rastro. Me muevo de mi lugar haciendo que vuelva a encontrar mi sombra y me adentro a un callejón sin salida donde en una esquina veo el deportivo donde debe de estar Romeo. Ella va como polilla a la luz sin saber que probablemente al final se encuentre a la muerte misma. Antes de que me alcance, me subo a un pequeño techo que hay en este lugar nocturno.
—Joder.—le escucho decir en un gruñido cuando no me ve.
Me deslizo del techo cayendo detrás de ella sin ruido alguno. La acorralo contra el muro dándole un pequeño susto y ante su fría mirada solo le devuelvo una mirada igual.