Iris DeSantis es el mito que recorre el bajo mundo. Ella es la personificación de la guerra, el poder y el dominio. Fue entrenada desde pequeña en el régimen del Consejo, una organización nacida de la unión de los cabecillas de las mafias más podero...
Advertencia: Hay escenas fuertes en este capítulo (eróticas). Para las personas sensibles con respecto a ese tipo de contenido se recomienda no leer esa parte. Sé que las van a leer igual así que háganlo bajo su propia responsabilidad. Sin más que decir, ¡disfruten!
POR FAVOR ¿pueden responder la pregunta que hago al final del capítulo?
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Iris
Llegué a la villa DeSantis quince minutos después de que todos llegaran del casino. Cerré de golpe el maletero de la camioneta, haciendo clic en el pestillo con tanta fuerza que el vehículo se estremeció sobre sus neumáticos.
— Listo, — le dije al chofer. — Ya puede irse, gracias.
A través del espejo retrovisor, el conductor asintió sombríamente. La camioneta empezó a alejarse del camino de grava, rumbo a la portada principal y hacia el hospital privado donde se encontraba Ares. El chofer iba a ir a buscar noticias sobre el estado de mi hermano y de paso iba a dejar los cadáveres de las personas que habían muerto en Montecarlo en ese mismo hospital. Hacían parte de los Amuso, ellos debieron de llevarlos y darles a sus respectivas familias los cuerpos. Llevándolos al hospital, los cadáveres en el maletero estarían fuera de las manos de los DeSantis. Esperaba que el hospital apreciara la delicadeza con que habían envuelto los cadáveres en gruesas sábanas.
— Señorita DeSantis.
Me volví y me encontré con un mensajero de mi padre que se acercaba. — ¿Sí?
El mensajero hizo un gesto hacia la casa. — Su padre y sus hermanos han bajado las escaleras. Preguntan qué está ocurriendo.
— Oh, ahora baja para hablar conmigo, — murmuré en voz baja. Mi padre Basilio no bajaba a hablar conmigo cuando algo pasaba. Él siempre ha tenido confianza conmigo y mis hermanos hasta el punto de dejarnos encargar de problemas mayores en la Ndrangheta. No bajaba cuando había problemas con misiones. No bajaba cuando alguno de nosotros gritaba obscenidades para que los demás hombres se apresuraran con la información o las armas. Él ya debe de saber lo que sucedió con Hades Amuso y no me refiero solo a la pequeña pelea sino a todo lo que sucedió entre nosotros dos.
— ¿Ares ya está aquí?
— Así es, al parecer el joven Ares tenía un chaleco antibalas y las balas le rozaron el brazo izquierdo, de ahí fue donde venía la sangre y ese dolor combinado con el alcohol en su sistema provocó el desmayo. No fueron heridas graves.
«Bueno, ahora el chofer solo necesita dejar los cuerpos.» Pensé.
— Gracias. Iré a hablar con mi padre y hermanos —suspiré. Pasé junto al mensajero, con los hombros cargados de anticipación para la conversación que íbamos a tener. Es posible que mis hermanos y padre se estuvieran reuniendo en el piso de arriba par hablar sobre lo ocurrido en Montecarlo, pero docenas de personas habían presenciado las terribles muertes en la pelea y la conversación en esta casa se extendió rápidamente.