|37| Lealtades retorcidas

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Moscú, Rusia

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Moscú, Rusia

Horas antes de los atentados

Nicholai

Eme aquí, en el salón principal de la empresa más grande de medios de comunicación de Rusia dando un estúpido discurso honrando al fallecido dueño de la empresa, Mikhail Vólkov.

Simplemente quería cerrar los ojos y descansar. Desde que tomé el cargo de Pakhan la responsabilidad ha sido mayor, pero contrario a lo que pueden pensar, todos me son fieles y no hay ningún contratiempo. Su fidelidad es tal que me apoyaron en el golpe de poder de la Bratva, los propios hombres de mi padre me ayudaron a derrocarlo.

De las cosas que más cansa y molesta es la prensa, no entendía el porqué Mikhail quiso que nuestra tapadera para los negocios ilegales tuviera que ver con los medios de comunicación. Desde que murió a ojos del público la prensa ha estado persiguiendo a cada integrante del círculo íntimo de Mikhail que consta solo de Ivanessa, Kai, nuestro Sovietnik que es un amigo mío y de mi padre, y yo, pero los tres primeros no salían de la fortaleza de la Mafia Roja, solo yo.

—¡Por aquí, joven Vólkov! Sonría —gritan varios fotógrafos mientras estrecho la mano al primer ministro ruso que vino a la gala en honor al fallecimiento de mi padre. Él era un peón más en nuestro juego de poder.

He estado todo el día sonriendo ante las cámaras y ya no siento mi rostro. Luego de intercambiar cortesías con el ministro me alejé de las cámaras para dirigirme a la zona de las mesas. Las pocas personas que trataron de seguirme fueron bloqueadas por mi círculo de seguridad.

La prensa, a pesar de ser cansina, no era el mayor de mis problemas. El robo de aviones militares rusos, la entrada masiva de extranjeros de Japón y Albania era mayor que de costumbre y que se haya encontrado las huellas de la primogénita de la Ndrangheta era raro, todo era muy obvio y eso era lo que me preocupaba. Era difícil descifrar que venía a futuro, pero sabía que si involucraba a Iris DeSantis aquello vendría directo del inframundo.

Me abro paso entre las mesas, buscando mi lugar, pero alguien obstruye mi camino.

—Señor Vólkov —me extiende su mano para estrecharla. Asiento y doy un apretón de manos —. Soy Edmon Solovióv, miembro de la Cámara Alta —. Me da una sonrisa orgullosa. Apariencias, apariencias...

—Un honor conocerlo.

—Disculpe haber aparecido sin más, quiero agradecer su apoyo monetario a las escuelas y orfanatos Solovióv.

Observo todo el gran salón y cuando ubico la mesa central volteo nuevamente hacia el miembro de la Cámara Alta.

—No hay que agradecer, los más pequeños merecen oportunidades. Bendiciones a esos seres inocentes —le digo dándole unas ligeras palmadas en la espalda y con una sonrisa me excuso para dirigirme a mi puesto.

El Juego ProhibidoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora