|11| Principessa

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Hades

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Hades

— ¡Hades! Despierta joder —grita Leandro entrando a mi habitación y despertándome de paso.

— Pero para qué me despiertas si son las... ¿doce de la noche? —menciono luego de mirar el reloj.

—Un golpe de estado en el crimen organizado de Las Vegas.

—¡¿Espera qué?! Mierda, pero como que golpe de Estado.

—No sé sabe quién provocó todo eso. Empezó a correrse la voz de que el Don de los Rossi murió a manos de su Consigliere por traición debido a una mujer. Todos los de alto cargo estaban en el antiguo club de los DeSantis Abismo, ahí ocurrió la masacre de los Rossi —me informa Leandro —. Hay un vacío de poder en este momento, debe de haber una guerra por el puesto. Las personas querrán tomar Las Vegas.

— Tenemos que conseguir Las Vegas y destruir a los que se crucen en nuestro camino. Tienen un símbolo de poderío como las demás organizaciones, todos saben que el símbolo de los Rossi está resguardado en las bodegas a las afueras, pero no se sabe en qué parte están las bodegas. — No dije nada por unos segundos, estaba pensando en qué desierto estará la edificación. — Si conseguimos el símbolo tendremos ventaja sobre todos.

—Sabes que ir sin un plan es arriesgado, ¿no? ¿Quieres morir acaso?

—Leandro, en la vida hay que saber tomar las oportunidades y no voy a desaprovechar esta. Además, sabes que no voy a morir —termino diciendo para llamar a alguien que estoy seguro sabe dónde están esas bodegas.

Los minutos pasaron hasta que mi informante me dijo donde estaban las bodegas de los Rossi. Me advirtió que tuviera cuidado porque parecían un laberinto en medio del desierto del Mojave y de que ya había varios grupos ahí, todo era un caos en ese lugar.

Uno de mis hombres, Leandro y yo íbamos en un todoterreno dirigiéndonos a ese desierto a toda velocidad. Solo llevaba a unos pocos hombres conmigo, quería ser lo más sigiloso posible. La idea era que mientras todos se mataban entre ellos por el poder y estaban en busca de ese collar, yo iba a tratar de pasar desapercibido. Me iba a volver uno con la oscuridad, llegaba, nadie me notaba, cogía el collar y listo.

Un plan sin sentido lo sé, pero situaciones desesperadas necesitan de decisiones desesperadas.

Estábamos muy cerca de las bodegas hasta que el sonido de un arma de fuego llenó el aire. Los alrededores estaban atestados de personas. Ya había disparado varias rondas, pero Leandro no había disparado ni una sola. El todoterreno iba bajando la velocidad luego del percance, ya estábamos cerca de las bodegas. Noté algunos vehículos fuera, pero por la poca visibilidad que me daba la noche parecía que estaban abandonados. ¿Quién carajos trae autos deportivos al desierto?

Leandro y yo íbamos a ser los únicos en entrar de mi equipo, los demás se iban a quedar afuera camuflados por si la cosa se ponía fea y también para comunicarnos lo que iba a estar sucediendo fuera de las bodegas.

El Juego ProhibidoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora