|33| Cuando bailan las mentiras con las tentaciones

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Hades

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Hades

Veía como Alekai entraba calmado al gran salón, algunos lo observaban curiosos y otros con desconfianza, entre esos yo.

¿Qué mierda hacía aquí? Lo voy a matar.

Voltee a ver dónde se encontraban Nicholai y Kai Volkov junto a Ivanessa, los tres miraban con rabia al recién llegado. El mayor de los Volkov lanzó su copa al suelo y sacó su arma, pero en un movimiento rápido Ivanessa se la arrebato mientras Kai trataba de detener a Nicholai de ir donde Alekai y matarlo en plena fiesta.

La relación entre ellos sigue igual de tensa y no es por nada, Alekai ha sido un dolor de culo para ellos desde hace unos años.

—Hijo de puta —dice Iris que permanece a mi lado.

Las dos amigas de ella vienen a nuestra dirección junto a Leandro que parece perdido con todo lo que está sucediendo.

Se ponen a discutir sobre la muerte del veterano, sobre la llegada inesperada de Alekai y no sé de qué más cosas. No presto atención a charlas sin sentido, mi atención está en Iris. El hecho de que Alekai esté aquí significa que algo malo va a pasar. No temo por Iris, sino por él. Iris lo va a matar y no puedo dejar que esta gala se arruine.

—Debo atender unos asuntos —dice Iris con educación ante las personas que se nos acercaron —. Es urgente, discúlpenme.

Iris se marchó sin más. Parecía correr lejos de la situación, tengo una erección dolorosa y mis ganas de follarla hasta quedar hastiado de ella son descomunales.

Veo como ella va por el mismo pasillo por el que se fue Alekai y decido seguirla. No voy a dejar que termine matándolo aquí, lo puede hacer en cualquier lugar, pero hoy no es el momento.

«Acéptalo, solo la sigues porque quieres protegerla de él aunque sabes que ella es capaz.»

Que no. Jodida conciencia.

En la oscuridad del pasillo veo como Alekai se pierde en una esquina y como Iris se apresura.

Antes de que ella voltee la agarro del brazo y nos introducimos a un cuarto de insumos.

Ella ve que fui el responsable y blanquea los ojos. Trata de salir, pero se lo impido.

—Largo, no te metas en mi camino.

Al ver que no me muevo de lugar ella se aparta dándome la espalda y suspira como si tratara de buscar paciencia.

—¿Pensaste en que tal vez deberías dejar tu venganza para después? Ya tengo bastante con el escándalo del veterano como para que mates a alguien.

Voltea bruscamente a mi dirección y me mira incrédula.

—Debes de estar jodiendo, ¿cómo llegaste a ser el segundo al mando de la Cosa Nostra si ni siquiera entiendes esto?

El Juego ProhibidoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora