|38| Vindicta

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¿Podrían responder a la pregunta que hice al final? Por favor.

¿Podrían responder a la pregunta que hice al final? Por favor

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Iris

El cambio de temperatura tan brusco me despierta de mi ensoñación, veo como hay alguien en la oscuridad sosteniendo un cubo en sus manos y el líquido que antes estaba ahí ahora estaba en mí. Olía fatal y era helado. Trato de mantenerme despierta, pero el frío, mi cuerpo mojado, mi respiración irregular y el dolor no me deja y vuelvo a perderme en la oscuridad.

Siento mi espalda arder y abro los ojos rápidamente. Una nueva corriente de dolor llega a mi espalda. Me muerdo mis labios para contener mis gritos, pero cuando varios latigazos llegan grito con fuerza y mi cuerpo se encoge de dolor en el suelo. Las lágrimas salían y no podía impedirlo. No sentía mis extremidades entumecidas por el frío.

Cuando los golpes se detienen me levanto con las piernas temblorosas y trato de caminar. Me doy cuenta de que estoy semidesnuda y encadenada al techo, podía tocar el suelo y sentir con mis pies el charco con mi sangre y algunos de los tantos líquidos que me han lanzado. Las viejas cadenas no eran tan largas como para acercarme a la persona que me lanzó el líquido frío y maloliente, y me ha dado latigazos. Un disparo de bala y podría liberar mis muñecas de los grilletes.

Estaba en una especie de bodega. Estaba con la Bratva, por fin.

Inesperadamente, siento que alguien me golpea en la nuca, cayendo de rodillas frente a él o ella. No hago ningún sonido para demostrar dolor a pesar del suplicio latente en mi hombre y otras partes de mi anatomía. Mi cuerpo se inclina ante la persona a pesar de que lo único que quiero es levantarme y luchar, pero tenía que ser paciente. Los verdaderamente poderosos piensan a largo plazo.

—Miren, la Dama Roja ya no es tan ruda como dicen. ¿Dónde quedó la mujer que nos engañó en Montecarlo? —una mujer de piel morena y con su cabello oscuro hasta los hombros me mira como si fuera un ser insignificante. Cuando saca un paquete de cigarros del bolsillo de su elegante atuendo veo el inicio de un tatuaje en su muñeca que muestra su rango en la mafia roja. Era Ivanessa, la krysha principal de Nicholai.

«Justo a quién quería ver», pienso.

—Te ves tan frágil, Iris. Podría rebanarte y poner tu cuerpo en una bandeja para Nicholai. A menos de que cooperes y nos digas unas cuantas cosas.

Sabía de qué quería hablar, pero no obtendría nada. Prefiero morir a que descubra lo que está buscando. Me mantengo en silencio, no iba a caer.

—Sabes, eres alguien muy extraña... Eres de las pocas personas a las que parece gustarles la tortura, no dices ni haces nada para evitarlo, lo aceptas. No entiendo la manía de ustedes en torturarse para volverse "fuertes". Te atrae el riesgo —una nube de humo blanco se arremolina a su alrededor mientras camina en círculos en mi entorno —. Con razón Nicholai está tan fascinado por ti. Eres una mujer demasiado narcisista y egocéntrica para mi gusto que solo obstruye mi camino. Tienes un encanto natural que te hace parecer amigable, pero solo es una fachada que oculta a la serpiente venenosa que eres en realidad. Una serpiente que anhelo matar. Apuesto a que no creíste terminar así... encadenada, al borde de la muerte, magullada.

El Juego ProhibidoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora