Comimos pizza.Una pequeña. Fue tan extraño como simpático verlo comer usando las manos y sentado en la alfombra de la sala. Sin importar las veces que pasará siempre me hacía cierta gracia. Un viejo tocadiscos derramaba en el ambiente una canción que pintaba todo de café y miel. De ese color de bebida caliente después del almuerzo. En Agosto las noches son frías. Esa no lo era. Hablamos un poco de su trabajo,de mi primera práctica, de la reunión pasada,de la fotografía en la pared que quedó de aquel evento.
Era un retrato como esos que salen en las películas. Con el padre sentado en una silla elegante y los hijos en torno a él,en dignas posturas que gritan al mundo la clase y educación que poseen. Estéticamente muy buena,pero vacía como una burbuja de escarcha. Toda la familia de Tannat y el mismo, parecían haber sido coartados en sus emociones.
En una oportunidad,Tannat me hablo de eso. Me dijo que siempre sintió que descuido a sus hijos en aspectos fundamentales de la vida,como eran las emociones. Que no supo como hacerlos sobrellevar el duelo por su madre. Que pese al haber siempre estado ahí,fue incapaz de brindarles lo que más necesitaban. Que fueron los mayores los que hicieron de padre para los menores y Cus,la mayor de todos,quien hizo de madre a costa de muchas cosas.
En ese momento,con una taza de té en la mano,miraba ese retrato con un leve asomo de nostalgia en sus ojos.
-¿En que piensas?-me pregunto cuando noto que lo miraba.
-En nada-le respondí saliendo de mis reflexiones.
-En nada...Eso quiere decir en todo ¿verdad?-señalo de forma un poco condescendiente-Por cierto aún no respondes mi pregunta. La que te hice aquella vez ¿Por qué quieres escribir realmente?
Había olvidado esa interrogante. Con todo lo que pasó,mi cabeza estaba en otra parte. Bueno creo que toda yo,todo ese tiempo, estuvo en otra parte. Apoye mi cabeza en su hombro y mirando un punto en la pared,me puse a pensar.
-¿Sabes? En secundaria escribía cartas de amor para mis compañeros-le dije-Lo hice decenas de veces y pronto me conocieron como la chica de las cartas. Empezó con una broma de una maestra después de que leyera un poema que hice como parte de una tarea.
-Suena como de novela...
-Pero en serio pasó-le dije apartando mi cabeza de su hombro,un poco ofendida.
-No lo dudo-dijo como conteniendo una sonrisa divertida.
-Cuando era pequeña le contaba historias a mis hermanos. Se divertían mucho con ellas. También lo hacía con compañeros de escuela,durante los descansos y hasta le conté una historia a un hombre de casi cincuenta años,que se conectó cada día por casi un mes sólo para oír esa historia. Dijo que lo ayudó a distraerse de sus problemas-le conté y me quedé pensando otra vez- Quiero escribir porque una buena historia le permite,a las personas tener un momento grato. Es como ofrecerles un sueño que los ampara de la cruel realidad. Quiero escribir porque me siento mejor persona cuando lo hago y logró recordarles algo importante,hacerlos pensar,
brindarles una esperanza,
hacerlos reír o llorar. Sacudir sus emociones que tan en desuso tenemos estos días. Escribo porque me hace feliz y hace felices a otros de forma natural. Porque siempre he sabido que nací para ello. Para crear, inventar,para enunciar. Para dejar testimonio de una idea. Tengo mucho que aprender y quiero que otros aprendan también. Quiero...
Y seguí hablando como un torrente preso tras una pared que rompió subitamente. En resumen escribir me hace feliz porque siento que puedo hacer tantas cosas escribiendo. Y no me refiero a lo que escribo,sino a lo que puedes llegar a hacer con eso. Han habido libros que esclavizan el pensamiento,otros que han roto con ideologías, que han movido masas,que han dejado testimonio. Libros con historia sencillas o rimbombantes que llegaron en el momento justo para aliviarte o simplemente entretenerte. Libros que son capaces de volverte loco o enamorarte. El tiempo pasa, pero el efecto de los libros no ha sido opacado por la exacerbadas muestra de efectos especiales en el cine. Conservan todavía su encanto y embrujo que nos arrastra a su interior. Quiero escribir porque fue lo primero de lo que me enamoré en este mundo. Porque una buena historia queda en la memoria colectiva,porque trasciende en el tiempo como ese viejo libro que me dieron una tarde,sin sospechar que sucedería conmigo después de leerlo ¿Has sentido eso? ¿Que un libro te está hablando sólo a ti, como si los restantes miles de millones de personas no existieran? Escribir me causaba tantas cosas que estoy segura no dije ni la mitad.
Fue como haber caído en un frenesí del que salí cuando Tannat,me seco una lágrima con su pulgar.
-Te apasiona-me dijo-Eso es bueno. Te permite escribir desde los huesos. Así es como se hace. Allá afuera siempre hay buenos lectores a la espera de un esqueleto que rescatar, con ánimo de arqueólogo.
-O de visitante de museo-le dije y se sonrío-Es una pasión,que puedo llegar a comercializar,
pero creo que al hacerlo dejaría de ser para mi, algo que haga desde el esqueleto.
-Probablemente-dijo y se me miró como si hubiera escondido algo que se asomó sin darse cuenta-¿Aun quieres escribir un libro?
-Si,pero más que un libro quiero contar una buena historia.
-¿Sabes como se hace una buena historia?-me pregunto como pensando.
-Si.
-Creo que es el momento para encontrar tu estilo y trabajar los ritmos de los párrafos-me dijo con ánimo de catedrático.
-Hoy no por favor-le pedí dulcemente y me puse de pie para llevar las tazas a la cocina.
Aquel espacio de acero y tonos grises,durante la noche se tornaba muy frío,pero que a mi me resultaba refrescante. Al volver a la sala estaba parado frente al toca discos. Había cambiado la música por una aún más suave,que casi se oía como un vals. No estaba familiarizada con ese tomada por lo que se ganó toda mi atención.
-Este disco fue un regalo de mi hijo Sour-me dijo cuando noto que me asomaba a su costado para escuchar mejor-¿Te gusta?
-Tiene un toque...-dije,pero me interrumpí para seguir oyendo.
-¿Bailamos?-me pregunto extendiendo su mano hacia mí-Aun que te advierto que no soy muy bueno en el arte de Terpsícore.
Hace mucho no bailaba una música como esa. Desde que iba a casa de mis abuelos y por las tardes oían la radio. Entonces bailaban y nos hacían parte de aquella danza. Creo que alguna vez se lo comenté,no estaba segura.
-Me ayudarías bastante. Verás debo escribir una escena de un baile y si te soy honesto,estoy pasando por un bloqueo de escritor.
Eso me hizo entre cerrar los ojos un poco fastidiada. Mi impresión fue acertada,queria apartarse del trabajo. Pero al extenderme su mano una sensación muy diferente me invadió. Las manos de Tannat siempre estaban ocultas tras su espalda u ocupadas. Verlas así de expuestas y amplias no era nada habitual. Observe sus falanges,las líneas y montes que alguna gitana examinaria,la textura de su piel. Muchas veces esas manos me regalaron una caricia,mas no me había detenido a estudiarlas.
Cuando la sujete y ese contraste entre su nuestras pieles se efectuó,sentí una descarga eléctrica en mi espalda. Justo donde él, apoyo su otra mano. La distancia entre nuestros cuerpos desapareció en ese encuentro previo al suave vaivén antes de comenzar a bailar. No,no era bueno. Conocía los movimientos, pero le faltaba la gracia y soltura. Al menos no me piso los pies. Mas tengo que decir que esos minutos terminaron de devolver el calor que mi cuerpo perdió, por el tiempo que estuve sumergida en aquel océano. Por fin mi carne reaccionaba hambrienta de sus manos. Mi nariz agudizó su olfato para que el tenue perfume de su cuerpo,
me abriera el apetito. Mis piel entró en un estado de recepción que hacia del más mínimo toque ,involuntario, de nuestros cuerpos,un impacto colosal y agitante. Mi corazón comenzó a bombear sangre más rápido y mis pulmones a exigir respiraciones más profundas, que se extinguian en suspiros discretos. Ya no había complacencia sino deleite por estar entre sus brazos.
Mi rostro estaba en dirección opuesta al suyo. Mi mejilla tocaba la suya y al girarme un poco,un su dirección,me invadió el anhelo por un beso como la llave de la última cerradura. En algo que no quedó a cubierto por mi ropa,él debió advertir el rumbo que quería tomar,porque se giró a mi al mismo tiempo que yo a él y así terminamos en ese beso. Empezamos en ese beso.
Arriba en la habitación tantas veces visitada de forma inocente, esa noche no hubo cabida para ingenuas rutinas.
